¿“QUERIDO LECTOR, NO LEA”? ULISES CARRIÓN EN EL GRAN MONSTRUO

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Cuando a inicios de 2016, el Museo Reina Sofía hizo su anuncio formal de que presentaría una retrospectiva de Ulises Carrión titulada “Querido Lector. No lea” comencé a pensar en el título elegido por Guy Schraenen, el curador.

Por supuesto sentí una gran felicidad, en general, por la retrospectiva. Después de todo, yo era una de las personas involucradas en el reavivamiento del interés y, sobre todo, nueva circulación de la obra de Carrión, junto con Juan J. Agius, ya que cuatro años antes, en 2012 había aparecido el primer volumen del Archivo Ulises Carrión que ambos coordinamos. Agius y yo somos críticos, y por eso otros agentes en torno a Carrión gustan de borrarnos. Somos incómodos. Pero somos parte de este reavivamiento. Y la felicidad de la retrospectiva no debe ser acrítica. De modo que pensar la pertinencia del nombre de una exhibición son el tipo de asuntos que nos conciernen a los especialistas de un artista como Ulises Carrión.

El título es interesante. No sólo por ser palabras de Carrión sino, además, porque “Querido Lector. No lea” es un mensaje intrigante, paradójico, atractivo. Apenas se escucha, uno quiere entender la idea. Invita, causa curiosidad, abre bien una exhibición: nos llama a visitarla.

Pero mi duda acerca del título tenía dos causas. La primera comienza con que este título remite a una obra temprana de Carrión (de 1973, o quizá de 1972), una pieza visual en que se enmarcó cada frase por separado, a modo de díptico. Con esta pieza inicia la retrospectiva, la marca.

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En el periodo en que Carrión hizo y exhibió esta pieza, él se estaba escindiendo, estaba saliendo de una fase entre literaria y ya experimental, pero todavía anterior a lo que sería su pleno desarrollo en el arte nuevo del libro, que ocurrió hacia 1974-1976.

Repito: estos detalles son minucias que casi exclusivamente nos interesan a los especialistas, porque en nuestra profesión, los detalles son demonios relevantes. Y en cuestión de bautizos intelectuales, se debe siempre elegir un título que refleje un momento representativo de toda la obra de un escritor o artista, y no tanto un título que remita a una articulación temprana o zona secundaria o incidental.

Uno de los efectos del título elegido por Schraenen es que centra a Carrión como escritor, como un escritor que se rebela contra la lectura tradicional, es cierto, pero todavía un escritor. Si se revisa el catálogo Ulises Carrión. We have won! Haven’t we?” de 1992 (a partir de otra revisión que Schraenen hizo de su obra) se verá que entonces (y hasta recientemente) no estaba interesado de la obra literaria de Carrión, no sólo porque Carrión no hablaba de ella en Holanda sino porque Schraenen no lee en español ni conoce los contextos literarios mexicanos y latinoamericanos de ese primer Carrión. Estoy seguro que Schraenen no lo aceptará, pero se dio cuenta de la parte literaria de Carrión a partir de mis estudios (traducidos al inglés), que fueron los primeros que cubrieron lo que he llamado los cuatro periodos de la obra de Carrión.

Revísese el catálogo de Schraenen de 1992 y su nueva cartografía y será obvio que esa laguna la cubrió por la nueva información y materiales que hicimos aparecer. Esta nueva cartografía, Schraenen la usa continuamente en su discurso curatorial y entrevistas, aunque sin reconocer la fuente.

Curiosamente, Schraenen se molestó en el Seminario “El arte nuevo de hacer libros. Ulises Carrión y la edición expandida” (realizado en Madrid, el 21 de septiembre de 2016). Durante el evento, al iniciar la sesión avisó que no comenzaría su conferencia mientras no se quitara el título de la pantalla detrás suyo.

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Schraenen decía que el título del evento preponderaba el lado literario de Carrión. Pero, por otra parte, fue él quien, en otras ocasiones, subraya (y sobredimensiona) ese aspecto de Carrión y lo menciona constantemente en los videos promocionales de su exhibición, como puede comprobarlo cualquiera que los revise detenidamente en Youtube.

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En general, Schraenen no ha terminado de decidir cuál es el lugar de la literatura en Carrión. Pasa de una postura a la contraria, y se molesta públicamente atribuyendo a otros lo que, en realidad, es una indecisión suya. No digo que no deba mantener la indecisión. Digo que el curador debe darse cuenta que la discusión está ocurriendo no sólo en inglés y que, de hecho, la nueva perspectiva sobre Carrión la hicimos en español, aunque las instituciones parezcan empeñadas en que esto no tenga relevancia, y sea borrado. Lo cual es muy paradójico, porque se dice reivindicar a Carrión, artista migrante, mexicano, latinoamericano, transnacional, global. Paradojas del Art World.

Para mí está muy claro que Carrión comenzó como un escritor literario, luego se hizo un escritor experimental, luego un artista del libro y, finalmente, terminó convirtiéndose en un artista de redes, un artista visual, multidisciplinario. Pero entre sus cambios de dogmas, Schraenen ha llegado a decir que Carrión no es principalmente un artista sino un escritor, como también sostiene el crítico español Javier Maderuelo en su libro titulado, precisamente, Ulises Carrión, escritor (2016).

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Tanto Schraenen como Maderuelo han sido amables en su trato personal, de hecho, con Maderuelo tuvimos conversaciones muy gratas. Pero difiero de su definición. Estas diferencias son sanas entre críticos. Cuando estamos todos de acuerdo, y las diferencias son borradas, es justo cuando hay que preocuparse. El conocimiento avanza porque hay investigación y hay discrepancias.

En principio, creo que “Querido Lector. No lea” tomado como título de la retrospectiva es parte de la indecisión de Schraenen, de su parcial comprensión y aceptación de todos los Carrión y todos los Ulises. En general, mi crítica a Schraenen es que prepondera su propia visión (dogmática) del arte contemporáneo alternativo y la literatura (…y México), y tergiversa algunos de los mundos culturales de Ulises Carrión.

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Para dar un breve ejemplo, Schraenen refolcloriza a Carrión, como queda registrado en el disco de Jorge Negrete que coloca en la exhibición, a pesar de que la figura del charro Jorge Negrete no tiene lugar importante en su obra artística. ¿Para qué lo puso ahí? Como parte de la exotización de lo mexicano y, a la vez, porque las instituciones re-nacionalizaron a Carrión en la retrospectiva y, en resumen, porque se equivocó, como ocurre en otros lugares de la exposición. Los visitantes pensarán que se trata de una referencia clave, representativa, de las obras artísticas de Carrión, supongo, pero no es así. Jorge Negrete, otra parafernalia y otras decisiones de la retrospectiva obedecen menos a la obra de Carrión que la manera en que la curaduría y los museos necesitan presentar a Carrión.

Uno entraba a la exhibición y lo primero que encontraba era el díptico. Un argumento a favor del título es que contiene una idea que permite discutir el pensamiento y obra de Carrión. Pensemos tales palabras: “Querido Lector. No lea”, que son traducción del inglés: “Dear Reader. Don’t Read”.

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Una primera lectura indica que se trata de una petición de que no leamos ya libros, de que superemos al texto. La propuesta es interesante porque está hecha desde los términos de la literatura, remite a la figura del lector, pero le pide abandonar este status. Por lo tanto, este texto tiene un pie dentro la literatura y otro, fuera. Como el Carrión de esa época… Pero no como el Carrión de los siguientes dos decenios.

El título también es interesante porque para un lector de poesía nos remite a los versos con que termina el poema “Au Lecteur” (“Al Lector”), con que Baudelaire inicia Les fleurs du mal (1861):

Tu le connais, lecteur, ce monstre délicat,
—Hypocrite lecteur, —mon semblable— mon frère!

(Lector, tú bien conoces al delicado monstruo
—¡Hipócrita lector, —mi prójimo—, mi hermano!)

¿Estaría pensando Carrión en Baudelaire? Tomando en cuenta su buen bagaje literario sería difícil que no lo tuviera en mente. Esta probabilidad hace interesante releer el “monstruo” al que constantemente alude Carrión en su arte correo y pensamiento posterior tomando en cuenta la identidad del “delicado monstruo” en Baudelaire (l’Ennui, el Tedio). No digo que el “monstruo” de Carrión sea el de Baudelaire; más bien creo que es más estimulante entender que el monstruo de Carrión (las instituciones que hemos incorporado ya en nuestra existencia psicosomática) nos deja entender mejor qué y cómo era el tedio en Baudelaire. En otras palabras, desaconsejo leer a Carrión a través de Baudelaire, pero sugieron leer a Baudelaire a través de Carrión.

Pero antes de remitir (quizá) a Baudelaire, “Querido Lector…” remite al lenguaje epistolar, al saludo de una carta ya sea personal o burocrática (y la mezcla de lo personal y lo burocrático es clave en Carrión, como también lo fue en Kafka y Benjamin, por cierto). Un argumento conceptual a favor de “Querido Lector…”, como definición global de su trayectoria, es que si bien enfatiza a un Carrión preliminar, sin embargo, implica una ventana hacia su posterior entrada al arte postal, que fue realmente la disciplina con la que se catapultó a las artes visuales (incluso más que el arte del libro).

Como idea “Querido lector, no lea” puede interpretarse como diciendo “Querido lector, haz algo más que leer, interésate en lo visual, deja de pensar exclusivamente en textos o incluso en tu propia forma ordinaria de lectura, que siempre anda buscando Significados, Mensaje, Comunicación”.

Y esta petición, por cierto, parece no estar siendo escuchada por Schraenen, Maderuelo y otros receptores (y denostadores) literarios que contestan: “No, querido Ulises, sí te vamos a leer, para nosotros seguirás siendo, sobre todo, un escritor”.

“Querido lector, no lea” no puede leerse literalmente, como una mera negación de leer. Al menos, quiere decir: “Querido lector, lea de otra manera, no reduzca la lectura a una lectura alfabética lineal” y esto queda apoyado en el final de “El arte nuevo de hacer libros” su manifiesto de 1974, donde aboga por un arte de lectura total, a partir de todo tipo de signos. Leer incluso sin necesidad de que haya palabras.

“Querido lector, no lea” paradójicamente significa también en Carrión “Querido lector, lee atentamente, lee de muchas formas, lee como nunca antes has leído, comienza realmente a leer, lee desde todos tus sentidos, no leas solamente de modo retinal-alfabético, lee con las manos, lee con los oídos, lee con las emociones, lee con las materialidades, lee con imágenes, lee todo, aprende de nuevo a leer”. Querido lector, lee (con) todo.

Si lo reflexionamos, entonces, uno se puede reconciliar con el título elegido por Schraenen, a pesar de sus defectos (minucias entre especialistas, sin duda). Pero, como dije antes, mi duda obedece a dos causas.

La segunda causa de mis dudas sobre la pertinencia del título de la retrospectiva es que hay razones suficientes para cuestionar incluso el orden de esa pieza de Carrión que da nombre a la exposición. Así la presenta:

Dear reader. Don’t read.

Comenzaré con el nivel verbal. Ahí hay cierta paranomasia, un juego sonoro y visual: “dear” se parece a “reader” y a “read”. Y la “D” de Dear y la “D” de “Don’t” ayudan al juego. Pero, en realidad, no parece una pieza (post-concretista) muy lograda, sobre todo, porque hacia 1973, ya en Brasil y Europa se habían alcanzado poemas con simetrías concretistas y post-concretistas más notorias y paradigmáticas, casi insuperables en este tipo de juegos poéticos y, en realidad, el texto de Carrión sería precario, no demasiado logrado.

En la poesía concreta, ya sea la Noigandres como en la de Gomringer (es decir, los dos referentes que construyeron otros concretismos) es importante que unos signos generen a otros de un modo casi sistemático, estricto. Y “Dear reader.” no genera a “Don’t read”, no hay una relación verbi-voco-visual fuerte y esta insuficiencia estaba prohibida dentro del tipo de poesía procesual, post-concreta que imperaba en la mente y contexto de Carrión.

Además, el significado literal del texto es “Querido lector, no lea(s)” pero lo hace en un texto lineal, legible, donde el único par de gestos de no-lectura lineal sería que las dos frases tiene un punto y un enmarcado separándolas. Pero el ojo pronto se impone y lee el mensaje linealmente.

Algo, entonces, no está funcionando en ese díptico, como sí funciona en el Carrión maduro, que es mucho más sistemático, perfeccionista, atinado.

Uno puede decir: “bueno, pero de nuevo, este argumento es demasiado especializado, ¿a quién le importa tanta sistematicidad y rigor? Se trata de una obra visual de Carrión aún joven, en que todavía no lograba lo que buscaba, pero nadie se dará cuenta, excepto dos o tres quisquillosos”. Y, claro, este tipo de situaciones ocurren en el arte. Una obra de arte siempre contiene falibilidad y no debemos escandalizarnos por ello; al contrario, muchas veces la falibilidad es lo que constitituye (socialmente) a la obra de arte.

Pero mi observación de una incongruencia entre el díptico y la propia estética de Carrión es que Schraenen descuidó presentarlos horizontalmente, uno al lado del otro. Y hay evidencia de que Carrión los pensó para colocar el díptico con una pieza arriba y otra abajo, es decir, Schraenen convirtió una obra vertical de dos sintagmas separados en una obra horizontal de dos sintagmas que se leen casi como uno.

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Harry Ruhé, “Ulises Carrión (1941-1989)”, Kunst & Museum Journaal, núm. 4, 1990, p. 55

Cuando apareció el título de la retrospectiva, me llamó la atención que yo conocía otro orden de ese díptico. Revisé de inmediato mi colección de materiales de Carrión que había reunido desde años atrás, y en una revista de 1990 (Kunst & Museum Journaal) la pieza no sólo es presentada verticalmente sino que se lee (y se titula) en sentido inverso al de Schraenen.

Tenemos ahora, por ende, que no se trataría de “Dear Reader. Don’t read.” sino de:

Don’t read.

Dear reader.

No lea.

Querido lector.

Esta otra forma, en lo histórico y dentro de Carrión ya tiene más sentido, no sólo poética, sino también conceptual y visualmente.

¿Qué ocurre aquí? Que se trata de un poema visual o una obra visual poética en que hay una ruptura mayor del orden de lectura lineal, no sólo por el abandono de lo horizontal, sino también porque hay una parataxis que coloca primero “No lea(s)” y después al “Querido lector”. El texto hace lo que está pidiendo: está no-leyéndose, está rompiendo con la sintaxis normativa, está imposibilitanto que su lector lee el texto tradicionalmente. Es una pieza que disloca la lectura habitual.

Pero, sobre todo, esta serie de signos poéticos ahora sí cumplen las reglas mínimas de la poesía (post)concretista que Carrión conocía muy bien, y que iban a ser esperados por los visitantes de sus exposiciones en 1973 en Holanda, donde la poesía visual estaba muy desarrollada.

“Don’t read” apunta y deviene, por la regla de fragmentacion operando, al signo “read.”, y luego al continuar mirando la pieza debajo “read.” genera a “Dear” por anagrama, accidente, juego de letras. Y, a su vez, continuando esta regla “Dear” genera a “reader”.

Como si la secuencia verbi-voco-visual (dominante) consistiera en un proceso en que “read.” se vuelve “Dear” y el signo final “reader” incluso fuera la suma de “read-dear”.

Todo esto cruzaba mi mente durante los meses iniciales de la exposición. Pensé en decirlo en mi participación en el Seminario en Madrid, pero tenía otra intervención que quería hacer y no quería ser grosero con el curador y el equipo del Reina Sofía que fueron antes, durante y después muy cordiales. Luego no quise hacerlo porque mis dudas seguían: ¿era un error de Harry Ruhé o el Kunst & Museem Journaal?

Luego no quise sacar este tema a discusión para que no se malinterpretaran mi cuestionamiento como una burla o mala fe a la llegada de la retrospectiva al Museo Jumex en Ciudad de México. Cuestionar es algo que los críticos estamos obligados a hacer. Pero no es una acción exenta de incomodidad. Cuestionar es algo que simultáneamente se goza y se sufre. Se llama crítica. Y resulta más bien impopular.

Así fue como en 2016, decidí mejor sacar este tema a discusión en 2017 o después. Pero hace unas semanas llegó una confirmación de que efectivamente hay un error en el uso del díptico por Schraenen. Vino por parte de una galería que vende una versión (anterior) del díptico; y aunque es muy similar a la exhibida en Reina Sofía- Jumex, esta otra versión consigna, al reverso (con letra escrita a mano por Carrión, además de su firma), que una pieza va encima de la otra.

Sólo que se dice que arriba debe ir “Dear reader.” y abajo “Don’t read”.

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¿Esta pieza e información invalida el acomodo del díptico de Schraenen en 2016 y la anterior información de 1990? No necesariamente.

No hay una solución (todavía) definitiva. Pero me pareció importante, a pocos días ya de cerrar la retrospectiva en México, pasar a este tipo de discusiones.

Esto es lo que conocemos: el díptico no es una pieza singular; existen, al menos, dos reproducciones. Además, sabemos que una de ellas tiene la indicación explícita de ser montada verticalmente. Pero esto no necesariamente sepulta el otro problema: ¿el texto es “Dear Reader / Don’t read” o “Don’t read / Dear reader”?

Como ya dije, en la versión normal, la usada por la retrospectiva, la pieza de Carrión devendría algo defectuosa en términos de (post)concretismo, aunque, repito, esto sólo se nota si uno está imbuido en las poéticas de aquella época. Si no tenemos este archivo, esta incongruencia del experimentalismo pasa totalmente inadvertido para un visitante o lector del catálogo, quien lo ve y lee como una pieza textual con cierto juego, y la insuficiencia (inadmisible, en realidad) en el contexto artístico de Carrión, desaparece en nuestra lectura, que es mucho menos programática.

Ahora bien, si el texto que Carrión, finalmente, determinó fue el de “Don’t Read / Dear Reader”, entonces, la retrospectiva deja registrada en su título mismo sus equívocos y lectura muy particular de Carrión. Aunque, nuevamente, esto sólo lo sabremos los especialistas, ya que como visitantes de la retrospectiva, la cantidad y calidad de obra de Carrión en las distintas salas terminan superando cualesquiera errores o prejuicios de la curaduría.

Como crítico de Carrión, prefiero quedarme con todas estas posibilidades abiertas, hasta no tener evidencia contundente de una solución única, si es que existe. Pero me parece importante, no obstante, dejar registro de que existe aquí un problema, hay un motivo de reflexión crítica.

Y tomando en cuenta que hay distintas versiones o reproducciones de la pieza, incluso podría ser que variantes y en cada una de ellas Carrión decidió un orden diferente. Podría ser que se trate de una serie en donde un díptico se leyera horizontalmente, otro en orden vertical; y que también el orden de las frases variara en las distintas (¿dos? ¿cuatro? ¿más?) variantes.

Dear reader. Don’t read.

Don’t read.
Dear reader.

También pudiera ser que existen varias versiones porque Carrión cambió de opinión y la rehizo, reemplazando un orden por otro.

Si tuviera que elegir una hipótesis diría que Schraenen se equivocó y colocó horizontalmente una orden pensado por Carrión como vertical o que existen, al menos, dos disposiciones. Esto nos lleva a pensar que el orden que apareció publicado en 1990 está equivocado, a pesar de que literariamente este orden implicaría un poema post-concretista más logrado.

Otro factor a tomar en cuenta es que Carrión no parece darle importancia a esta pieza. No la consigna en las revisiones que hizo de su propia obra. Para ser precisos, Carrión no le daba mucha importancia a todas las obras de ese periodo. Su arte correo posterior, sus bookworks, sus proyectos de arte, sus videos, sus ideas, parecen ser lo que tenía más importancia para él. ¿Qué podemos, por lo tanto, resolver?

Querido lector, lea a Ulises Carrión. Como se lee en el arte: leyendo con los cinco sentidos (y la psique, en su propia pelea donde hay varias lecturas, a veces incompatibles entre sí). Tú, lector, tú eres el delicado Gran Monstruo.

No busques una solución: sé capaz de mantener varios problemas co-activos en la mente, mientras el cuerpo goza-sufre esta (y toda otra) incierta experiencia, en que arte y crítica se juntan.

Heriberto Yépez

Tijuana, Madrid y Berkeley, abril-2016 y abril-2017