RE: IRMGARD EMMELHAINZ. EN TORNO AL (NEO)LIBERALISMO Y EL MERCADO-ESTADO DE LA ALTA CULTURA

Hace unos días Irmard Emmelhainz publicó en su página de Facebook un comentario a mi entrevista con República 32, donde describo y critico al aparato oficial de alta cultura en México. Escribió:

Irmgard Emmelhainz 

February 9 at 10:11am ·

“Estoy de acuerdo con todo menos con lo que dice sobre Cristina Rivera Garza. Y habría que complejizar en términos de los contenidos propagandísticos en la producción cultural en general, en cuál es la lógica de poder que se filtra a través los discursos culturales (Teresa Margolles es Julián Herbert es la Televisa del PAN ) y ampliar el análisis al aparato cultural en general, no sólo en la literatura. Y sí, el sistema de subsidio a las artes en México es estalinista. Pero qué propones Heriberto? Privatizar? Que Slim beque escritores? Y lo más importante: que la batalla está en los mecanismos de legitimación que hacen que la gente tome en serio a Krauze, Villoro, Jorge G. Castañeda, Guadalupe Nettel, etc. También Ricardo Cayuela y el corporativo Penguin Random son fenómeno aparte de Letras Libres y Nexos y obedece a otra lógica, a la de la globalización de la producción cultural.”

Alguien más me hizo saber que Emmelhainz (una autora y crítica que leo) me enviaba ese mensaje, pero como no uso Facebook, le envié el siguiente correo:

“Hola, qué tal? Me llega este mensaje tuyo (aunque yo no uso FB hace muchos años…)

“Me parece que criticar un sistema corrupto basado en el Estado neoliberal no significa que esté pidiendo que Slim llene el hueco. Me parece extraño tu salto lógico.

“Saludos

“Heriberto

En su página, Emmelhainz publicó mi breve email (lo cual me parece legítimo y una interesante invitación a discutir), junto con esta respuesta suya:

“Me asombra tu capacidad de existir fuera de FB (yo soy usuaria desde 2015 y todos los días me pregunto: Cómo pude vivir tanto tiempo sin estar metida allí?).

“Si relees mi comentario, verás que te pido que propongas soluciones porque me parece que nada más señalar problemas y denunciar es crítica vacía, la crítica ya no sirve de nada, en realidad sin proponer soluciones la crítica es puro pataleo inútil pero que sirve mucho para ganar fans. La crítica podría ser el nuevo populismo (Mira a Trump)

“En mi comentario lanzo una pregunta, en aras de instigar el diálogo: ‘Qué sugieres?’ ‘Privatizar?’ ‘Que Slim beque escritores?’ Todo mundo sabe que tanto el Estado como Slim tienen pésimo gusto. Y ya Slim es dueño de una parte del NYTimes, así que con eso y su museo, tenemos bastante de aportaciones culturales de su megamonopolio. Y que parte del proyecto cultural de Tovar y de Teresa es justamente comenzar a facilitar o a transicionar el subsidio de las artes del Estado al privado. Ésas son cosas que hay que poner sobre la mesa, y analizar a profundidad el funcionamiento del entramado cultural -lo que incluye un análisis de los discursos vehiculados por la producción cultural. En ese sentido, crucificar nombres, que me parece un gesto tanto visceral como vacío. Y justamente: si el aparato cultural del Estado está podrido y produce mierda (con lo que estoy de acuerdo, para mí eso lo encarnan Villoro o Volpi, por ejemplo), si la privatización fue lo que justamente creó monstruos como Krauze y Aguilar Camín y el “arte contemporáneo mexicano” -qué lugar nos queda para resistir? Yo muchos años subsidié mi propia investigación y escritura haciendo traducciones, vendiendo textos, dando clases pensando que así no me iba a “manchar” de la ayuda del Estado. Pero en este momento de mi vida, me pareció mucho más interesante abrazar al aparato para explorarlo desde adentro y observar si ocurre algo conmigo, con mi escritura… Desde enero gozo de una beca del FONCA y no me siento en lo más mínimo cooptada. Al final, uno no puede moralmente desechar las contradicciones, más bien hay que abrazarlas, subrayarlas, detectarlas, tenerlas/hacerlas presentes. Y tal vez desde allí se puedan seguir fortaleciendo las voces críticas no meramente para denunciar, sino para poder desmenuzar funcionamiento del aparato cultural  para desde allí proponer alternativas.

“Saludos

Para poder ahora sí responder debidamente, publico aquí mi respuesta a Emmelhainz:

Estimada Irmgard:

Tu asombro de que “exista fuera de Facebook” se debe a que creo no te dije que uso Twitter e Instagram. Facebook me aburre y me parece desordenado. Prefiero la velocidad de Twitter y lo visual de Instagram. En Twitter generalmente opino desde mi aspecto world-order-hater y en instagram, subo fotografías desde mi aspecto world-order-lover. Facebook (no sé por qué) pero me parece fascistoide y muy enfocado al intercambio de capital cultural, que me aburre.

Y para mis reflexiones prefiero usar el blog (desde 2002), porque yo aquí me puedo autopublicar, extender y solamente viene a leer quien lo decida.

Así que aprovecharé tu iniciativa de subir mi email a tu Facebook, para yo responderte desde mi blog. Lo primero con lo que discrepo es que digas que esto es un “diálogo”. Decir “diálogo” es un eufemismo típicamente liberal.  Cada vez que alguien dice “diálogo” lo que hace es esconder su pistola. ¿Qué es “diálogo”? Es la falacia de que dos personas se escuchan y hay equidad de poder. Y eso nunca sucede en estas sociedades, donde siempre hay disparidad entre géneros, sexos, clases sociales, colores de piel, niveles educativos, posiciones en el networking neoliberal, backgrounds étnicos, etcétera. “Diálogo” se prestigió, en cierto ámbito, por la segunda y tercera generaciones de la Escuela de Frankfurt (bastante menores respecto a la primera) y, en general, por el discurso liberal académico, sobre todo anglosajón. Donde hay “diálogo” significa que hay privilegio y ocultamiento de que el discurso es polémica, guerra, lucha de poder.

En una sociedad regida por la lucha de géneros, clases, razas o religiones, el discurso no puede fingir estar fuera: todo es guerra, incluido el discurso, eso que se llama “diálogo”, y que no es sino la guerra discursiva ocultándose a sí misma.

Difiero también de tus afirmaciones que creo son dogmáticas (y pragmatistas): “te pido que propongas soluciones porque me parece que nada más señalar problemas y denunciar es crítica vacía, la crítica ya no sirve de nada, en realidad sin proponer soluciones la crítica es puro pataleo inútil pero que sirve mucho para ganar fans. La crítica podría ser el nuevo populismo (Mira a Trump)”.

Decir que la crítica es “vacía” y “la crítica ya no sirve de nada” es históricamente falso. Por ejemplo, me dices que ganaste una beca, por lo que, de entrada, tu crítica te ha servido para obtener una mensualidad, que, me dices, ahora te sirve para “abrazar tus contradicciones”. Entonces, tú misma muestras que la crítica sí sirve.

La crítica también sirve para informar a lectores, para mermar poderes (que uno critica, por ejemplo); sirve también para difundir hábitos de disidencia (los jóvenes generalmente reportan enriquecer su pensamiento al aprender a debatir); la crítica feminista, marxista, decolonial es muy útil de muchos modos, incluso incompatibles, para muchos tipos distintos de sujetos.

Donde no es muy “útil” la crítica, generalmente, es cuando uno se encuentra en posiciones de privilegio; ahí la crítica más bien resulta antipática, indeseable, desaconsejable y muchas veces de ahí provienen las fraseologías que usas, en cierta forma, contra-insurgentes, que difunden la idea de que la crítica no sirve y que es mejor ser “propositivo” o dar “alternativas” (como si la crítica no estuviera ya haciendo eso).

No es casual que en México, la idea de que la crítica no sirve la han promovido, especialmente, presidentes como Fox, Calderón y Peña Nieto. O intelectuales como Enrique Krauze o Juan Villoro, que insisten en que hay que pasar del “pataleo” a lo que llaman la “acción” y que, en realidad, es la conformidad con el aparato hegemónico.

De ahí también que no comparta tu condena del “populismo”. Hay más de un populismo. Y no creo que “populismo” sea el diablo. Muchas veces la popularidad de una idea puede ser indicio de un fascismo reiterado y otras veces, la popularidad de una idea puede ser indicio de una nueva apertura. Entonces, me parece general tu condena de lo que llamas “populismo” (o “fans”).

También me llama la atención la forma cristina, moralista, con que ves la acción crítica. Dices, por ejemplo: “En ese sentido, crucificar nombres, que me parece un gesto tanto visceral como vacío”. Difiero porque no creo que mencionar nombres de intelectuales que juegan con el régimen sea “crucificar”, más bien es denunciar, explicar, romper la omertá. Entiendo que tú imagines mi acto como algo “visceral” y “vacío”. Obviamente tu imaginación no corresponde a la realidad. Para mí responder una entrevista, denunciar, explicar, nombrar, son actos de claridad informativa (periodismo) e incluso felicidad crítica, una sensación grata de poder describir cómo funciona concretamente (incluyendo mecanismos y figuras específicas) en lugar de hacer explicaciones abstractas, típicas del discurso liberal, que no nombra, que no denuncia, porque protege su elegancia (inferiorizando a la “denuncia”, digamos) o su red de relaciones.

También me parece que hay muchas falsas dicotomías en tu visión. Por ejemplo, no creo que criticar la estructura de poder cultural en México signifique que haya que privatizar o pedir a Slim que patrocine la cultura. Creo que, de hecho, pierdes de vista lo que señalo: no la responsabilidad del Estado sino la corrupción del gobierno. No estoy pidiendo que el gobierno retire el apoyo a la producción de alta cultura (literatura y artes) sino que detengamos su corrupción. En ese sentido, tus dicotomías desvían la discusión y la convierten en un falso debate entre Apoyo gubernamental a las artes vs. Privatización del arte. No, aquí la discusión es corrupción en la alta cultura y un sistema donde esa corrupción no exista.

Por eso tampoco es cierta tu afirmación de que “la privatización fue lo que justamente creó monstruos como Krauze y Aguilar Camín y el ‘arte contemporáneo mexicano’”, ya que más bien han sido fondos públicos dirigidos inequitivamente hacia estos sujetos privilegiados y cómplices del gobierno los que los han creado. Yo prefiero hablar de un Estado-mercado (o mercado-Estado). El “mercado”, en realidad, no tiene interés alguno en Krauze o Aguilar Camín: sus libros no son siquiera comerciales. No se les lee ni a ellos ni a sus revistas. Las editoriales que fingen ser “transnacionales” son más bien bastante precarias en su alcance comercial, son simulaciones para generar otros negocios con gobiernos, más que con el “consumo” como se le entiende en cierta visión liberal.

Es el gobierno quien mantiene a flote a intelectuales “libres” o al supuesto “mercado” cultural, igual que sucede con el arte contemporáneo de élite de Ciudad de México, que si dejara de ser alimentado por fondos de museos públicos, becas, estímulos, apoyos estatales de todo tipo, simplemente perdería toda visibilidad. Creo que tú sigues teniendo la ficción LIBERAL de un “mercado” autónomo, que rebasa al gobierno o Estado nacional. En la alta cultura mexicana (y quizá en el globo entero) no existe tal “mercado”; se trata de una ilusión liberal más. El “mercado” como tal no ha existido todavía. Y el mercado de la “alta cultura” es particularmente dependiente del sustento gubernamental.

Si a Kurimanzutto le quitáramos todo el dinero y la infraestructura que ha recibido de distintos canales del aparato del gobierno y sus artistas perdieran los fondos que el gobierno les asegura, Kurimanzutto no tendría la menor relevancia en esa ilusión llamada el “mercado” del arte; se trata de una creación más del aparato oficial del gobierno mexicano, que justamente lo subvenciona para que se crea que son el “mercado del arte”. No lo son, el arte contemporáneo mexicano es una paraestatal disimulada, una burocracia de clase alta, una alta-burocracia, que se exporta (y luego importa), se le oficializa, museifica, promueve desde la Secretaría de Cultura, se le ayuda hasta supuestamente canonizarlo como si fuera el producto de una inexistente Historia del Arte (nacional o mundial) o el “mercado”.

En lo que sí concuerdo es cuando dices que “en este momento de mi vida, me pareció mucho más interesante abrazar al aparato para explorarlo desde adentro y observar si ocurre algo conmigo, con mi escritura… Desde enero gozo de una beca del FONCA y no me siento en lo más mínimo cooptada”. Lo entiendo porque he ganado más de una docena de premios estatales, nacionales, becas de jóvenes creadores, del Sistema Nacional de Creadores, y también en Estados Unidos he obtenido reconocimientos diversos y, precisamente, porque conozco este sistema es que puedo describirlo, nombrarlo, criticarlo. Por eso entiendo que no te debas sentir cooptada por tener una beca. Obviamente tener una beca sólo hace sentir cooptados a personas acríticas, que ya sin beca estaban temerosas o predispuestas a conformarse con el estado de cosas. Pero no concuerdo con tu nueva dicotomía en que tener una beca signifique ya no criticar de otros modos o lo que tú llamas “meramente… denunciar”, porque, por experiencia histórica esa es la ideología que el gobierno mexicano desea que se forme en su clase intelectual: una supuesta “crítica” “constructiva” (y no “destructiva” dicen los funcionarios y periodistas pro-gubernamentales), una supuesta crítica que no nombre, que sea muy “cívica” (y no “visceral” o “irracional”, como ha dicho hace unos pocos días Peña Nieto contra la crítica “populista” en las redes sociales), como si esa crítica conveniente (compatible) de las propias élites neocoloniales y su enlace muy-civilizado con el gobierno sí fuera una “alternativa”, cuando, en realidad, es la continuidad de su acuerdo de pax.

La contradicción no es moral. La contradicción es económica, y no es un defecto o mérito, ni una decisión personal o una apuesta intelectual, “abrazar” tales contradicciones (que, sobra decirlo, es también un gesto de “embrace your contradictions” muy liberal) es estructural: las “contradicciones” son permanentes, no comiencen cuando solicitas u obtienes la beca, sino que las contradicciones son otro eufemismo que sería mejor llamar por su nombre: desigualdades, asimetrías, injusticias, inequidades, guerras. Y todos ya desde nacer en este orden estamos ya sujetos, somos formados como sujetos, somos subjetivados, por tales desigualdades. Decirles contradicciones es conveniente porque parece que uno ha leído a Marx y hace mea culpa al abrazar la terminología pero, para hablar claro, a las desigualdades nosotros como intelectuales las podemos “abrazar” porque, caray, nuestra retórica está tan mistificada, que incluso esa frase, “abrazar las contradicciones” parece que dice algo, que propone algo, cuando, en realidad, no tiene sustento alguno, porque las desigualdades y guerras nos forman, no las podemos abrazar, porque son los brazos mismos.

Disculpa la extensión de mi respuesta, pero quise ser breve en mi primer email, y cuando vi que subiste una respuesta de mediana extensión, creí necesario, ahora sí, explicarme con más detalle por qué discrepo de tus definiciones.

Como he dicho, discrepar o denunciar no es visceral ni infantil ni violento ni vacío ni inútil ni binario. Disentir y señalar es tener diferente posición dentro de la guerra social, lo cual no significa que no respete tu propia posición y perspectiva; más bien compartimos ser dos intelectuales, dos meras variantes, de eso llamado “sujeto” intelectual, alto-cultural, en un régimen como el que nos forma actualmente dentro del Estado-mercado neoliberal. Y creo que tus ideas y las mías están cerca, no son quizá compatibles o reconciliables (nada más abominable que reconciliar diferencias, anularlas) pero sí observo que tus planteamientos y los míos pertenecen a una región de la crítica distinta a la de esas instancias que a ambos nos resultan risibles y anacrónicas.

Saludos, Heriberto