RESPUESTA A JUAN VILLORO: “CHARLY GIRÓN”

Juan Villoro, responderé a tu texto, titulado “Un cuento moral”, que publicaste el 20 de julio de 2018 en tu columna en el diario Reforma de Ciudad de México, contra un escritor en particular y en que aprovechaste para atacar, más genéricamente, argumentos que afectan tus privilegios como escritor cercano al gobierno federal y estatales y protagonista patriarcal de la élite literaria en México.

Te citaré y luego comentaré tu caricatura. Dices:

“Lo llamaré Charly Girón, aunque en el mundo de los hechos gana becas con otro nombre. Cuando lo conocí vestía enteramente de negro. A su lado, quien usara una prenda de color parecía pertenecer al enemigo. Charly quería poner bombas para ser famoso y convertirse en un ícono digno de decorar camisetas, sin pasar por las molestias de la clandestinidad. Su insurrección merecía inmediato reconocimiento de las demás fuerzas beligerantes, es decir, del público”.

Desde el inicio, tu texto muestra que decidiste escribir una contradictoria columna de odio (con mucha ponzoña) para condenar el supuesto odio de otro escritor. La forma de tu texto, nos dice, como críticos, que “Charly Girón” es un involuntario alter ego, que proyectas sobre otros.

Lo haces convocando al morbo y chisme mediante el recurso de decir “Lo llamaré Charly Girón, aunque en el mundo de los hechos gana becas con otro nombre”, buscando crear chismerío sobre quién se trata, para avergonzar a esa persona. Eso no es un gesto literario digno.

Como escritores debemos hacer crítica frontal, basada en textos y argumentos lógicos y factuales sobre asuntos públicos (no íntimos). Desde tu primera línea faltas y denigras el oficio literario y, sobre todo, das un pésimo ejemplo: si Juan Villoro hace eso en Reforma, obviamente, invitas y convalidas a que otros hagan lo mismo contra otros escritores o escritoras. Y como la inercia es repetir lo que tiene más bajo denominador común, seguramente tus imitadores serán peores y (se) denigrarán más. Y eso está muy mal de tu parte.

Lo mismo sucede cuando convocas prejuicios contra una persona, comenzando con su vestimenta. “Cuando lo conocí vestía enteramente de negro”. ¿Qué edad tienes? Ese tipo de bullying es condenable en un joven de secundaria; en ti, es inadmisible. Refuerzas estereotipos y burlas hacia personas que eligen vestirse de modo distinto al tuyo. Además, históricamente, muchos escritores, artistas y cantantes han elegido el color negro, así como millones de personas, sobre todo, jóvenes. Hay que respetar esa elección. Tus trajes no te hacen superior a nadie. Pero tus sarcasmos de reducida panorámica social, en cambio, sí te hacen promotor de prejuicios en los lectores. Tu burla publicada contra una persona, partiendo de que viste de negro, terminará repetida en algún plantel escolar, oficina u hogar. Debes recapacitar y no promover el bullying.

Continúas diciendo: “Trabajaba en una agencia de publicidad donde inventaba motivos para que la gente comprara lo que no le conviene. Esto no le parecía contradictorio con su temperamento radical. Además, necesitaba dinero para ropas negras”. Conozco un brillante escritor que trabaja en una agencia de publicidad, más brillante que tú, por cierto. Y si recuerdo bien, Fernando del Paso y Salvador Novo trabajaron en publicidad. Pero, sobre todo, pienso en mi conocido, que trabaja en una agencia de publicidad en Ciudad de México, precisamente, para no tener que vivir de usurpar erario público, como tú haces. La gente, en suma, Juan Villoro, trabaja, en distintos oficios, y todos se pueden realizar éticamente (mientras no seas ilegales). Así que, de nuevo, te recomiendo dejes de reforzar prejuicios contra personas que tienen elecciones personales y posiciones sociales distintas a las tuyas.

Continúas con tu caricatura xenofóbica:

“Los fines de semana escribía cuentos sobre su vida interior. Por desgracia, sus anuncios de jarabes para la tos eran más convincentes que sus relatos. Al darse cuenta de esto, decidió promoverse como un jarabe para la tos. Fue a las presentaciones de autores reconocidos y los abordó con voz meliflua, fingiendo que los idolatraba. Les mandó sus manuscritos con dedicatorias obsecuentes, esperando que lo recomendaran a alguna revista”.

Como recordarás de tu propia juventud, prácticamente todas las personas que comienzan a escribir hacen “cuentos sobre su vida interior”, y no merecen tu burla. Eres un escritor supuestamente profesional y, aunque finjas ignorarlo, sabes que al decir eso te estás burlando de los escritores adolescentes y jóvenes, que lastimas con ese tipo de sarcasmo ávido de resultar “elegante”, ridiculizando los inicios de los jóvenes escritores. No se vale.

Tú eres un escritor, y no debes mermar la dignidad de los más jóvenes. No te pido que seas como Rilke o Sábato, que escribieron enormes textos (literariamente) para ayudar a jóvenes escritores, guiándolos y mostrando su capacidad de magisterio literario. No tienes la profundidad, autoridad y generosidad de Rilke y Sábato. Pero, al menos, puedes tener el detalle de no hacer burlas sobre los “cuentos” de la “vida interior” de los escritores jóvenes. Darío, Woolf y Kafka, por cierto, bien se podría decir que elevaron ese tipo de narración al máximo nivel estético; o sea, que escribir ese tipo de cuentos, en realidad, ha sido la base de grandes escrituras.

Lo mismo sucede con la ridiculización que haces de ese joven acercándose a “autores reconocidos”, que envía “manuscritos” esperando ser publicados en “alguna revista”. A ver, Villoro (tú acláranos este punto), debido a que vienes de una familia intelectual y bien posicionada, tú no tuviste que acercarte, con tus propio pies, nervios y valentía, a otros escritores para mostrar tu trabajo y buscar tus primeras publicaciones. Como tu vienes de una familia privilegiada, no tuviste que hacer ese esfuerzo. Pero en lugar de entender esto, te burlas, reiterando tu actitud cretina, hacia las personas que, como no son hijos de intelectuales ni políticos ni grandes empresarios, sí tienen que buscar a los profesionistas de su área y hablar con ellos y mostrarles su obra de modo amable, buscando ser atendidos, a veces por personas tan prejuiciosas como tú.

Para este momento de tu texto, en realidad, ya muestras que vives en un mundo muy reducido, una especie de casa de cristal, donde las conductas más ordinarias (vestir de negro, comenzar a escribir, tener un empleo, buscar publicar) te parecen ridículas. A ver, ¿pues en qué mundo vives, Villoro? Realmente me gustaría escuchar tu respuesta, porque a estas alturas de tu texto ya lo único que falta es que te burles de la vida sexual ajena.

Tu texto, sin embargo, considera que todavía puedes exprimir más los prejuicios. Escribes: “El caso es que Charly logró colarse. Era poco conocido, pero ‘estaba ahí’”. ¿Te das cuenta que tu imagen de la literatura mexicana es como la de una élite en donde según tú, logran “colarse” personas que, según tú, no pertenecen ahí? Y luego, por supuesto, llegas al punto más bajo de tu texto, en que la vida sexual ajena te parece motivo de comidilla:

“Sus técnicas de autopromoción lo llevaron a cortejar a un célebre novelista afecto a los jóvenes. Así logró publicar en una selecta editorial. La seducción hubiera sido menos aviesa si después de recibir el contrato por mensajería, Charly hubiera cumplido la parte corporal que le correspondía, pero huyó antes de que eso sucediera, con argumentos de orgullo machista que le permitieron sentirse como el Che Guevara”.

¿Y ese choteo “indirecto” al Che Guevara? ¿qué no te dicen afecto al zapatismo? ¿Realmente te parece que este texto tan bajo y prejuicioso es congruente con tu cercanía al zapatismo y Marichuy?

Y, sobre todo, vamos hablando claro: estás hablando de un chisme que hemos escuchado muchas personas, porque, por alguna razón, a los señores les gusta repetirlo a la menor provocación (con variantes dignas del juego del teléfono descompuesto). Se dice que Sergio Pitol se quedó esperando tener un encuentro erótico con un escritor publicado en Anagrama, ya que Pitol, se dice, creía que merecía ese pago por haber recomendado la publicación. Primero que todo, Villoro, ¿qué pasa que necesitas difamar a Pitol, Herralde y Tryno Maldonado? Tú quisieras que todos nos hiciéramos tontos y sólo nos ríeramos en privado. Quisiste perpetuar el chisme, ahora publicándolo, y que seamos tus cómplices en decirlo en privado. Pues no. Ese chisme es muy insidioso contra, al menos, esas tres personas y es hora de ponerle un alto.

Si Pitol era gay, no es tu asunto. Si Pitol creyó, te contó, o alguien más inventó la escena de un supuesto viejo rabo verde que espera al joven, y éste nunca se enteró de esas expectativas o lo dejó plantado o lo rechazó, no es tu asunto. Tampoco está claro porqué quieres poner en entredicho a Anagrama y, de paso, a todos las escritoras y escritores (mexicanos y no) que ahí publican, convirtiendo la imagen de la editorial en una especie de prostíbulo cuando, en realidad, es una editorial con altibajos sí, pero me niego a pensar que es una editorial que publica debido a favores sexuales.

Además al dejar sin nombrar y abrirlo al chisme, haces que se especule si se trata de Almadía o Alfaguara u otra editorial posible, y creo que todo eso no se vale de tu parte, y muchos menos que lo hagas y escondas la mano, y dejas en los demás identificar la anécdota o chisme detrás. He escuchado ese chisme y sé que te refieres a él y quieres alimentarlo. Y no se vale que tú ahora publiques nacionalmente un chisme para que sea descifrado en privado. No, es mejor aclararlo y decir que se trata, justamente, de eso: un chisme de personas que desean afectar la reputación de varios colegas. ¿Qué motivos tienes? No nos importan. Simplemente, pide disculpas y no lo vuelvas a hacer. Y ni se te ocurra fingir demencia o intentar simular que no sabes lo que haces. Es grave lo que hiciste, en muchas, demasiadas direcciones.

Por otro lado, si acaso fuera cierto que dos personas de distinta orientación sexual que la tuya decidieron tener un encuentro, eso no es tu asunto. Y sobre todo, Villoro: se llama consentimiento. Desconozco por completo tu juego de valores, pero en el mundo moderno el consentimiento es esencial en las relaciones eróticas. Tu burla y condena a que una persona no se sintió obligada a haber “cumplido la parte corporal que le correspondía” es una petición como de otro siglo, muy machista y retrógrada. Estás pidiendo una violación.

Y, además, es como si estuvieras pidiendo el cumplimiento del derecho de pernada en la literatura nacional. Al hacer este alegato tan poco ético, tan jodido, estás estimulando el chantaje sexual. Estás promoviendo que autores y editores chantajeen sexualmente a escritoras y escritores. Y lo haces al modo típico, según tú de modo irónico, muy brevecito, para dejar claro que eres un escritor de Mucho Estilo y Jocosidad, y muy conciso.

No te vamos a proteger, tú podrás ser un hombre de letras muy poderoso, pero no te vamos a proteger: no está bien eso que hiciste. Sólo gente cretina y machista puede apoyarlo.

Sigues:

“Su sed de notoriedad se alimentaba de carencias comprensibles (el abandono de la madre, la infancia en un pueblo sin otro estímulo cultural que una cancha de basquetbol, orejas de vampiro, calvicie prematura). En su caso, el arribismo coexistía con la negación de los demás: odiaba a la gente de la que dependía. ‘Si te detesta, es porque le hiciste un favor’, me dijo alguien que lo había tratado lo suficiente”.

Villoro, una mayoría de las mujeres mexicanas trabajan. Al contrario de las series de Netflix sobre Luis Miguel, donde las mujeres sólo lloran en el hogar, esperan al marido o hijo, o toman el sol en la playa privada de su papá millonario, en el mundo real, las mujeres trabajan, y sus hijos e hijas no siempre pueden gozar de su compañía. Lo que tú llamas “el abandono de la madre” sólo refleja tu enojo (ya alucinatorio) hacia la madre de Tryno Maldonado o hacia Maldonado mismo. Te repito las preguntas: ¿qué edad tienes? ¿En qué mundo vives, Villoro?

Lo mismo sucede con tu burla sobre el “pueblo sin otro estímulo cultural que una cancha de basquetbol”. Entiendo que te guste presumir tu alcurnia. Pero si revisas la teoría y, sobre todo, los “pueblos” mismos, la cultura habita casa cosa del mundo. Al contrario de lo que predican las teorías clasistas (y ya internacionalmente desechadas) sobre el concepto de “cultura”, la cultura está en las voces y sus tonos, en las familias y tradiciones, en la relación de los seres humanos y los animales, en la manera en que se come, camina, en la oralidad, en suma, está en todas partes. No hay lugares que carezcan de “estímulos culturales”, no seas ignorante. Eres un hombre con una gran fortuna, aprovéchala y edúcate mejor. Hay muchos libros que pueden sanar tus prejuicios clasistas e inclusive tu reducido concepto de “cultura”.

Pero como si tu texto no fuera ya un montón de prejuicios, decidiste añadir otros, cada vez más anacrónicos y socialmente perniciosos:

“No creo perder el tiempo al describirlo, pues representa un ubicuo arquetipo de la época. Su carrera basada en halagos despegó en una sociedad cortesana donde los pajes buscan el favor de príncipes que aspiran a una audiencia con el rey. Pero el problema de la notoriedad es que se nota. Tarde o temprano la gente repararía en lo que sepultaban los libros de Charly. Nuestro autor se vio relegado a una periferia en la que ya sólo era ‘ése de negro’”.

Primero que todo, no seas mentiroso: sí quisiste describirlo. De hecho describiste incluso cómo se viste o la manera en que fantaseas su infancia y juventud, a su mamá y su deporte favorito. Te quisiste ensañar con un escritor más joven que tú. Y, por otro lado, vuelves a hacerte creer que tu imagen cortesana, clasista de la literatura es algo que debemos jocosamente celebrarte, y no, señor Villoro, usted está muy equivocado.

La literatura no debe tomarse como una “sociedad cortesana donde los pajes buscan el favor de príncipes que aspiran a una audiencia con el rey”. Sabemos que tú, que presides en esa literatura, crees que eres un “príncipe” o un “rey” de la literatura mexicana, y que fantaseas que los más jóvenes son tus “pajes”, pero si esas son tus prácticas y simultáneamente tus fantasías clasistas y ridículas, busca ayuda terapéutica y deja de hacer eso, porque la literatura ha sido una mezcla de proyecto democratizador y empresa neocolonial, y debemos luchar para que se debilite, precisamente, su carácter clasista, hegemónico, machista, racista, etc., en lugar de querer normalizar todos esos componentes con sarcasmos pasados de moda y reaccionarios.

Esta parte es curiosa:

“De no ser por Internet, habría caído en el olvido. Fue la primera persona que supe que tenía un blog. Decepcionado, me dijo que la mayoría de los comentarios que recibía eran negativos. Le sugerí que no los leyera o eliminara esa función, pero me dijo que esa nueva forma de comunicación debía ser interactiva. ‘Si te insultan, te toman en cuenta’, comentó”.

Quieres dar a entender a los lectores que tú protegiste a Maldonado, o a otro escritor o escritora. A ver: Villoro, ¿entonces estás escribiendo un texto contra una persona con la que te relacionaste un tiempo? ¿Y cuál es el motivo de que decidas convocar homofobia, clasismo, centralismo, humillación generalizada, contra esa persona?

Luego, retomas argumentos de Enrique Krauze contra las redes:

“Así descubrió que en la red el odio es una forma del proselitismo. La gente lo podía seguir por morbo, desprecio o simple curiosidad en los derrapes de la condición humana, pero lo importante era que lo seguía. En Twitter nada es tan elocuente como la estadística”.

No finjas. Si la crítica contra multitud de prejuicios (como los que tú presumes en tu columna de odio) utiliza las redes sociales es porque, precisamente, tú ocupas los medios tradicionales (en este caso Reforma) para promover todo tipo de odios, chantajes y venganzas personales. En las redes ocurren muchas cosas, distintas unas de otras. Tu representación de las redes es la de alguien que no las conoce o les tiene coraje porque ha sido blanco de crítica, como ha sido tu caso, debido a que promueves prácticas retrógradas usando tu poder político en la literatura nacional.

“Ya inmerso en las aguas digitales, decidió que todas las personas que lo habían ayudado eran canallas, pasó del oportunismo al rencor y asumió uno de los más notorios avatares de la realidad virtual: se transformó en hater de tiempo completo”.

Conozco bien twitter. No conozco a ningún hater de tiempo completo. Conozco cuentas que durante unos días, semanas o meses critican algo, y también nos comparten lo que han comido, leído, links, etc. O conozco cuentas que se enfocan en la crítica, y en su vida se enfocan en otras cosas. Y deja decirte algo: twitter es más interesante que Reforma.

De hecho, Reforma sólo existe hoy gracias a las redes sociales. Si no fuera por las redes sociales, tú ya no tendrías empleo. Tu columna de odio sólo fue leída gracias a las redes. Yo te respondo gracias a las redes. Si no existieran las redes, tú tendrías el monopolio de la opinión, pero como ya no lo tienes, y debes convivir con todo tipo de voces de distintos géneros, clases, “pueblos”, entonces nos informas que estás muy molesto. Este mismo fenómeno lo hemos visto en otros autores en varios países. Parecen muy enojados porque su voz se volvió una más, ya cada vez más decadente, y detrás de los tiempos.

Este párrafo no lo voy a comentar. Simplemente es parte de tus fantasías:

“Ignoro cómo logra detestar al prójimo desde que desayuna las galletas con chispas de chocolate que tanto le gustan. Lo cierto es que ejerce lo que Rafael Sánchez Ferlosio, Premio Cervantes de Literatura, llama ‘la moral del pedo’: no soporta la podredumbre ajena mientras disfruta la propia”.

Pero el siguiente sí lo voy a comentar porque me parece que lo colocas como tu conclusión, precisamente, porque aquí reside el motivo central (aunque probablemente hay otros) de tu ataque:

“Charly Girón despotrica contra el patrocinio oficial a los artistas y luego pide un apoyo. Esto no altera su conciencia porque hace mucho que esa zona de su mente sólo se dedica a darle la razón. Los cambios del mes de julio encontraron en él a un perfecto gesticulador: repudió a quienes apoyaron a López Obrador en 2006 y desde hace unas semanas repudia a quienes no lo apoyan”.

Villoro, yo sé lo que estás haciendo. Estás queriendo tergiversar la realidad para evitar que una exigencia social crezca dentro de la literatura y las artes en México. Tú dices “Charly Girón despotrica contra el patrocinio oficial a los artistas y luego pide un apoyo”. No, eso no es cierto. He leído decenas de críticas (y coincido) sobre los apoyos a la creación, desde becas estatales y nacionales para jóvenes creadores hasta todo tipo de premios consagrados, y realmente pocas veces se pide que se acaben. La crítica general es que hay corrupción.

Y estoy de acuerdo. He ganado becas, premios y puedo confirmar que las críticas tienen razón: no está claro porqué unas personas recibien premios y otras, no. No porque ganemos premios y becas debemos callarnos. No, lo contrario: hay que exigir que el sistema quede limpio de corrupción, porque los que las ganamos y creemos merecerlas y no negociamos con nadie obtenerlas, queremos que las becas y premios sean motivo de logro profesional y no de duda y desprestigio, y, sobre todo, porque quienes no las reciben y creen merecerlas, no deben sufrir represalias o exclusión por no negociar con los “príncipes” y “reyes” de los que hablas.

No desinformes, Villoro: la exigencia general no es que se acaben las becas. Lo contrario: es necesario ampliarlas, que lleguen a más personas, a más géneros, a más clases sociales, a más pueblos y ciudades, que se organicen mejor y que se saque toda forma de chantaje sexual, social o político de esos estímulos.

Pero tú quieres estimular el choteo a quienes critican la corrupción. Y entonces quieres que se chotee a los concursantes que, además, solicitan se limpie la corrupción. Pero tu jueguito falaz no te lo vamos a dejar pasar. Ya ese cuento no funciona.

Te daré un ejemplo: después de la muerte de Luis Villoro, tu padre (un autor interesante), tú fuiste ingresado, por otros miembros de la élite (que se auto-elige) en la silla vacante del Colegio Nacional. Según información de prensa recibes 164 mil pesos mensuales, aunque la cantidad no está clara porque tú y el Colegio Nacional se niegan a hacerla pública, incluso cuando organismos ciudadanos han solicitado a transparencia esa información.

El Colegio Nacional se fundó hace décadas, en un momento en que no existía el Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) o el Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Ahora ya existen. El Colegio Nacional, por lo tanto, duplica labores y es oneroso y anti-democrático. Como organismo anacrónico, El Colegio Nacional, en realidad, debe transferir sus creadores artísticos (como tú) al SNCA y sus investigadores científicos al SNI. Ahí deben de cumplir con las obligaciones y tiempos con los que cumple el resto de los ciudadanos en México que solicitan y obtienen esos apoyos a creación e investigación.

La razón de tu ataque prejuicioso contra “Charly Girón” es que hay una exigencia pública de que se acaben las prebendas en la cultura. Por eso atacas a quien concursa por becas: te aferras a tus privilegios, obtenidos por cercanía de clase social y por afiliaciones políticas. Por negociaciones privadas que resultan en la multitud de privilegios que gozas y, a la vez, repartes. Por eso deseas hacer labor de choteo de la crítica, para tratar de chantajearla y silenciarla, comunicando públicamente que personas como tú atacarán personas en particular, las humillarán públicamente, si se involucran en criticar y solicitar que se limpie de corrupción, anacronismo e irregularidad al sistema de la literatura y las artes.

Por eso te respondo, porque soy un escritor adulto que no le voy a permitir a otro escritor adulto que intente humillar a los más jóvenes y promover el chantaje y la represalia personal y profesional en su contra. Elegiste a Tryno Maldonado, lo tergiversaste para a la vez hacerlo blanco de tu sarcasmo y permitir que otras decenas de personas se ajusten a ese perfil. Lo usaste como presa estereotipada de tu ataque, para amenazar a otros de que tú u otros pueden hacerle lo mismo a otras personas.

Pero “Charly Girón”, en realidad, eres tú, Juan Villoro. “Charly Girón” es la caricatura que fantaseas sobre las personas que son distintas a ti y que exigen que la literatura y artes se democraticen. Yo sé que también estás atacando a un artista visual en la última parte de tu texto, y que buscas ridiculizar a cuanta persona critique el estado irregular de las artes y literatura en México. Y no te lo voy a permitir. Tú no puedes atacar así a la crítica y pensar que no tendrás respuesta. No te tenemos miedo.

Te sugiero pidas disculpas, dejes tus prácticas irregulares, dejes un tiempo de pertenecer a jurados, comités y toda suerte de toma de decisión e injerencia en el otorgamiento de apoyos, porque tu texto prueba que en este momento estás lleno de prejuicios y enconos contra los sectores críticos, especialmente los más jóvenes que tú, y alguien en ese estado ético no puede tomar decisiones sobre estas áreas.

Cuando recapacites, regresa y toma un lugar, no mayor que el resto de nosotros. Concursa y cumple con las convocatorias públicas que el resto de los creadores e investigadores cumplen en este país. Te aseguro que eso le hará un gran bien a tu obra.

Cuando hagas eso, sin ironía, serás un hombre que acepta críticamente convivir en este tiempo, con otros. De otra manera, serás un escritor de una élite que fantasea que vivimos en otra época. “Charly Girón” está hecho de tu odio contra este momento más crítico. Ya desaparece a “Charly Girón” de tu fantasía elitista, y acepta vivir en esta época. Conviértete en un escritor de este tiempo.

*

Posdata: Y si no entiendes términos éticos (y etopoéticos, para ser precisos), resumiré mi respuesta en una formulación en términos estéticos: la sátira clasista heteropatriarcal, de la cual deriva tu texto, es un género afectiva, temática y morfológicamente agotado. Renueva tal forma.

***

Villoro - Un cuento moral