ESCRITURA ELECTRÓNICA REVISITADA

Y/o elijo pensar la escritura electrónica desde la prosa non-fiction y, sobre todo, non-crap. Otros conciben la escritura electrónica desde la poesía, y este gesto purista ha resultado en teoría y praxis clasistas. Prefiero pensarla desde la prosa que el propio Internet ha co-generado y no desde la poesía a la que la escritura electrónica se busca digitalmente que retroceda. Estas notas comentan esta posición y revisitan mi praxis de una prosa electrónica que publico en Internet desde finales del siglo XX. Son las notas de estas dos décadas de uso de webs y redes sociales como alternativa al libro y las literaturas nacionales.

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Cuando el pensamiento ortodoxo literario piensa a la escritura en Internet quiere convertirla en shape, figura, reduciéndola a sus elementos retinales, verbi-voco-visuales, conceptuales (digitales). La escritura electrónica es arruinada una vez que es pensada como una nueva retórica artística, un formato o (sub)género. Aquí la pienso como una posición de resistencia.

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Los elementos revolucionarios de la escritura en Internet son aquellos más allá de los figurativos, retinales o “concretos” (Noigandres). Elementos como la (r)edición autónoma, la curaduría insurgente o la hiper-distribución del texto nos muestran que lo innovador de escribir en Internet no está en los nuevos aspectos de una pieza que pueden ser generado vía programas, recursos o herramientas digitales (es decir, a favor del viejo sistema del arte) sino en la ruptura misma de las reglas de configuración clasista (“formalista”) de la escritura y sus e-lectores. La revolución que la escritura electrónica introdujo fue política.

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Las obras de arte tienen el siguiente formato: originales adornos contemplativos. En este sentido, la escritura electrónica radical debe escapar de lo “artístico”.

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Otro criterio neoconservador indica que la escritura electrónica se define porque su “forma” sólo puede ocurrir gracias a herramientas digitales. O porque debe ocurrir en Internet. Pero, si observamos estas tendencias, se trata de piezas que gustan de ocurrir electrónicamente / en Internet de modo artístico. Al ocurrir artísticamente en Internet, en realidad, ocurren en Internet sólo para tener otra esfera de distinción, para ir a parar a una antología, una galería, una Selección. ¿Ocurrieron en Internet? Pasaron, usaron, huyeron de Internet. Escaparon por un elevador. Volvieron a la “literatura”, al “arte”. Destinos penthouse.

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Muchos escritores esperan un instructivo. La poética como instruccciones es un efecto directo del neoliberalismo; surge una vez que la literatura y las artes ya se han consolidado como un sistema semi-privado de intercambio de capital entre grupos élites resilientes. Ante una crítica, por ejemplo, el productor estético neoliberalizado pregunta: “Pero, entonces, ¿qué debo hacer y, ante todo, cómo debo ahora producir? ¿Qué tipo de producto necesito ofrecer? ¿Cuál es la receta?” La poética neoliberal les responde a modo de “escritura creativa” (textualidad generada por instrucciones escolares genéricas o experimentales) o “escritura no-creativa” (textualidad generada por instrucciones apropiacionistas), en uno y otro caso, instrucciones de cómo producir textos: neoliberalismo. La escritura electrónica que radica y radicaliza Internet (la escritura electrónica radical) no parte ni ofrece instrucciones; es una elección política, no un nuevo menú estético.

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Pero muchos grupos tradicionalistas quieren asumir Internet como una oportunidad de elaborar carmina figurata para pantallas. La supuesta genealogía de la poesía visual les sirve de coartada para conectar lo electrónico con la historia clasista de la literatura. Algo similar sucede cuando el libro, habiéndose alimentado de Internet, termina retornando al bonito libro ilustrado. El gesto tradicionalista, cooptador, puede identificarse porque inserta a la escritura electrónica en los mismos espacios, linajes, sujetos, instituciones y discusiones de la vieja literatura. Una vez servida ahí como platillo novedoso, se exalta la literatura electrónica por distinguirse de otras que ahí han sido incluidas.

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La literatura impresa y la literatura electrónica ya tienen todo un sistema de reglas estéticas y relaciones sociales. La fuerza de la escritura electrónica no-literaria y no-institucional radical en que (aún) no tiene un sistema propio. Ocurre en Internet y no en el arte. Esa es su fuerza política. Cuando la escritura electrónica piensa cómo distinguirse estéticamente, entonces, piensa dentro del cubo blanco y la historia del arte: se despolitiza. E Internet no es siquiera un cubo blanco.

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La técnica de la propiación y la escritura electrónica han sido anudadas. Por una parte, la apropiación en Internet abre toda clase de otras posibilidades innovadoras. Por otra parte, desde una perspectiva crítica, la apropiación al ser una vuelta, una reinstauración (de un viejo régimen de texto), incluso un retorno de lo descomprimido, tiene elementos fascistas. Aquello que recombina es fascista por técnica; por ende, copia y remezcla han sido muy frecuentemente cómplices políticos de la derecha. Ningún texto puede volver sin traer consigo su contexto. La apropiación es también regresión. La apropiación (o reciclaje) es un gesto (al menos) ambivalente. Tiene una cara neológica y una carga reaccionaria. Al revisar las obras basadas en la apropiación se puede encontrar fácilmente la agencia de este doble signo. Cualquier Back to the Future es imperialista. Políticamente, este conocimiento es subversivo… aunque los apropiacionistas gustan de verse de modo acrítico. Pero quienes hemos practicado el apropiacionismo, y hemos tenido el tiempo de voltear atrás y delante, sabemos, entre otras cosas, que una escritura revolucionaria electrónica no puede fundarse o regocijarse en técnicas apropiacionistas. Como base estética o política, el apropiacionismo ya fue. Y, sobre todo, el apropiacionismo es una técnica que revitaliza distintos retro-fascismos. Una escritura electrónica hoy tiene otros detonantes.

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Polemos & morphé. “Guerra” & “forma”. Conjuntadas —por fuerza— en el imperialismo. Ignorarlo: escribir dentro de una celda de marfil (del Imperio). En rechazo al Programa (…Moderno) de las vanguardias europeas y sur-americanas, el aparato Estado-mercado-céntrico de Estados Unidos desarrolló el “experimentalismo” como compensación a no poder ser comunistas, ser nativamente contraculturales y en alianza con la despolitización (pro-reformista), en general, el experimentalismo es el vanguardismo drenado de sus militancias izquierdistas y, por ende, reducidas a técnicas para producir obras estéticas novedosas dentro del mercado capitalista. Lo electrónico, entonces, apareció cuando la reducción llamada “experimentalismo” ya había reemplazado todo vanguardismo de línea dura y, por lo tanto, lo electrónico tiende, por inercia política, a quedarse como mero experimentalismo.

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A partir del triunfo del experimentalismo como alternativa (aceptable) a la literatura basada en géneros y sub-géneros fijos, la forma estética (internacional) creció durante las siguientes décadas conforme las reglas (secretas) de la guerra fría, su polemos. Los distintos experimentalismos que aún hoy rigen la estética son formas-de-guerra-fría, desde sus resistencias y resiliencias hasta sus técnicas fundadas en sampleo y software, concepto e interdisciplina. No debemos soñar que la forma estética es autónoma de la guerra; la forma deviene de la guerra, siempre. Quien no lo sepa es forma de derecha naturalizada, y quien lo acepte (quizá) de izquierda. Y el centro, simplemente, quien se beneficia de los resultados de la debacle. ¿Cómo superar la inercia norteamericana del “experimentalismo”? Uniendo el movimiento de la forma con la lucha popular contra los dominadores mundiales. La forma ya no cambiará por “experimentos”. La forma cambiará en luchas contra gobiernos específicos: geopolíticas.

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En la medida que la escritura electrónica no logra romper con los ciclos literarios, sus dinámicas sirven para re-animar al libro impreso. Escribir en Internet se vuelve un affair que escritorxs literarios realizan para desfogar el stress de pertenecer al mundo-del-libro, un descanso pre-laboral (Adorno-Horkheimer), un relajo (Portilla) y procrastinación publicitaria que, al final de la temporada, es cooptada por la literatura oficial. Tal tipo de expresión y experimentación electrónicas son la criogenia del libro.

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El pensarse a sí mismo no forma parte intrínseca del libro. El libro, históricamente, ha sido dogmático. La Biblia le impuso su súper-yo. El cuestionarse a sí fue un suceso histórico, casi un accidente. Al hacer una reflexión, una apercepción, el libro pasó a una nueva etapa. Pero en esta nueva etapa, el libro sigue atado al sistema de relaciones dominantes.

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¿Escritura tradicional + Medio Tradicional = Obra tradicionalista?

¿Escritura crítica + Medio Tradicional = Obra crítica tradicional?

¿Escritura experimental + Medio Experimental = Obra experimentalista?

¿Escritura crítica + Medio Experimental = Obra post-experimental?

¿Escritura crítica + Medio crítico = Obra hipercrítica?

¿Post-literatura + Post-medio = ?

¿Etcétera?

En todo caso, la escritura no puede abstraerse del tipo de medio concomitante.

El medio neutraliza, reitera o radicaliza la orientación política del texto.

Un medio, además, señala comunidades. Una nueva comunidad de lectores, por ejemplo, aparece simultáneamente a un nuevo medio.

Con cada medio o con cada comunidad, aparece lo otro. Y lo otro no es la comunidad o el medio, sino un nuevo mundo cuya posibilidad o virtualidad emerge.

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La escritura siempre acaece mediáticamente. Ya sea en pluma y papel. O en un teclado y pantalla. Pero esa es sólo su primera mediatización, porque lo característico de la escritura (y su diferencia con mucho arte visual, por ejemplo) es que la escritura ocurre primero en un medio y sólo posteriormente se publica en otro medio.

Al pasar de un medio a otro, la escritura cambia de órbita social. Lxs escritorxs pocas veces advierten este cambio. (Demedian la escritura, no advirtiendo el carácter mediático de su primera producción).

El medio-distribuidor puede ser muy distinto al medio-productor. En el paso de un medio a otro, en su (ya normalizada, casi imperceptible) remediación, la escritura puede alterar toda su primera política.

La política predominante de la escritura tenderá a ser la política del medio-distribuidor. La política de la imprenta y el libro; no la política del papel-pluma o la computadora personal.

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Cuando el autor ha evitado demediar su escritura, y ha podido tomar conciencia del paso del medio-productor (digamos su teclado y pantalla) al medio-distribuidor (el libro-de-editorial), de todas maneras, gustará de pensar que la política del medio-productor es la predominante. Creyendo que el medio-distribuidor sólo populariza su primera política. Pero este es uno más de los engaños del autor.

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El error general del productor estético es creer que el centro, significado, finalidad o estructura de su obra es idéntica u obedece a uno sólo de sus ingredientes: la intención del productor. (¡El componente favorito de los productores: sus anhelos!) Contra la crítica, contra los públicos, contra el sistema entero de relaciones que con-forma a su obra, el artista cree que su obra ha sido definida (marcada, programada) por sus intenciones.

Esta creencia es tan absurda como creer que un ser humano es idéntico a las intenciones que sus padres tuvieron antes y durante el embarazo o incluso la edad escolar.

Este error también domina a la literatura digital porque, otra vez, cree que las intenciones del productor (tecnológicamente innovadoras) le convierten en un artista progresista, independientemente del aparato represivo en que su persona y pieza artística han sido puestas en funcionamiento.

En contextos de Letras y Artes las instituciones (no las intenciones del artista) son el ingrediente clave de la “forma” de la obra.

Y lo que llamamos “forma” es el dominio.

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Lo peligroso de la escritura en Internet —particularmente la escritura-centrada-en-desclasificación-de-información— es que pierde su centramiento en la “forma”, y al perder ese autocontrol, pierde el auto-control que “forma” implica: el control de nombre, clase, género, raza, nación o idioma.

La “forma” es la autocensura. La molécula hecha de los gobiernos introyectados.

Una escritura electrónica radical es aquella que ya no se construye privilegiando la “forma estética” y todos sus identidades y canales.

La escritura electrónica debe tender hacia la in-disciplina. Y pasar incesantemente de una in-disciplina a otra in-disciplina.

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La autopublicación en línea es —inicios del siglo XXI— la vía más radical de escribir y circular. Esta radicalidad no es eidética, permanente, universal; es provisional, frágil, incompleta. La radicalidad hoy, y quizá siempre, opera desde la precariedad. Sé precario. Sé menos que un “autor”. Sé menos que “literatura”: escribe (postea) en Internet, la red de intervención.

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En Internet no necesitas al gobierno o editoriales para publicar.

Al gobierno lo necesitas si quieres distinguirte de quienes no necesitan al gobierno o editoriales para publicar en Internet.

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Quienes escriben en Internet para darse a conocer y luego hacer libros (casi siempre menos intensos e interesantes que su escritura en redes sociales) nos reiteran que la escritura electrónica es su hedonista amante. Pero el libro es su serio matrimonio.

Se validan en lo contemporáneo-popular de Internet. Se autorizan en el prestigio-privilegio del libro.

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No digo que no ya no se necesite hacer libros.

Digo que los libros son necesarios para adquirir autoridad.

No digo que la escritura electrónica (crítica) no tenga autoridad.

Digo que la escritura electrónica (crítica) es una autoridad subversiva.

Digo que habrá un tiempo para hacer libros. Un tiempo en el que los libros sean nuevamente necesarios.

Digo que el tiempo no es lineal.

No digo que cuando una tecnología aparece sustituye a la anterior.

Digo que con una tecnología aparece una nueva lucha de tecnologías.

Digo que las tecnologías son revolucionarias cuando son el horizonte de un ReStart.

Escribir en Internet = Reset.

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Internet es también un gran ensamblaje de empresas.

Pero quien sólo vea en Internet un gran ensamblaje de empresas no está observando bien.

Internet es también una gran red de comunismo experimental, como no había existido otra propaganda práctica similar.

Internet no es uno. Internet es una lucha de geopolíticas.

Internet, sorpresivamente, aún no está bajo el control del capitalismo.

Internet es también una nueva forma de economía.

Por eso la vieja economía (el capitalismo) desea controlar a Internet.

Pero todavía no la controla.

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Autopublicarte en papel es más romántico.

Incluso cursi. O espiritual.

Autopublicarte en Internet es más contemporáneo.

Incluso vulgar. O popular.

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Si quieres prestigio, necesitas hacer y consecuentemente publicar libros.

Si deseas lecturas, basta con hacer textos y (auto)publicarlos en Internet.

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Para tener lectores en el mundo literario (impreso) requieres editores conocidos. Y seguramente conocer funcionarios, periodistas, críticos, académicos y promotores con poder.

Publicar en Internet requiere consistencia y una base de lectores desconocidos.

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Los hackers, whistblowers, hecklers, aquellos quienes protestan, y las pancartas y Wikileaks, toda forma de liberación de información y, por otro lado, todo aquello que sabotee el networking neoliberal —el libro es un enclave autoritario dentro de otros flujos— son apenas unas cuantas formas de subjetivación que pueden resultar útiles para alucinar la escritura electrónica del ahora y el porvenir. El espacio es lo viral del lenguaje. El tiempo es electrónico: fluye (o no) sin cesar—sólo una tecnología lo hace visible. Quizá la escritura electrónica radical sólo podrá ocurrir en colectividades.

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La literatura digital fácilmente se puede regodear en lo cinético. Pensar que usar Flash es la solución final. O repetir en pantalla los descubrimientos que los concretistas hace medio siglo. Convertir lo electrónico en un pasatiempo leucotrópico, una nueva estrategia (inconsciente, sistemática) para prevenir que la destrucción del control estético del lenguaje crítico y transgresor. La Revolución que viene podría estar basada en grandes protestas eufóricas, en disturbios entusiastas, pero lo virtual, si sigue la inercia tradicional de la literatura, terminará como una serie de piezas cute para audiencias blancas universitarias sentadas en algún congreso en el que, en realidad, nadie quiere estar. Pasemos a otra cosa: quizá la escritura electrónica evolucione ya no dentro de Internet, sino que salga de Internet y entre en la mente.

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Los lectores en línea no suelen leer a los escritores en libro. Leen tus posts, pero no necesariamente han leído tus libros. La distancia entre la forma del libro y la forma del post es tan amplia que exige dos tipos de lectores distintos o, al menos, lectores inusuales que encuentran placer de leer en ambos medios (y que tienen el capital para ser lectores de libros). La combinación es rara porque leer en libro requiere de cierta disciplina y la lectura en línea más bien surge de cierta indisciplina (hacia familia, trabajo, entorno físico); sólo en la zona de indisciplina (descontento) en que la lectura de libros y la lecto-escritura en línea convergen puede darse lectores en ambos medios.

Pero carecer de lectores-del-libro puede ser, por cierto, la mayor ventaja que tiene un escritor que desea participar de otra economía de la escritura.

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En el arte viejo el escritor escribe textos. Para libros.

En el arte nuevo el escritor hace libros. Todavía.

En la escritura electrónica, el escritor escribe textos para no hacer libros.

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El libro de artista no necesita ya editoriales. Necesita coleccionistas.

El arte nuevo del libro es el arte nuevo del libro viejo.

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Dejó de ser un contenedor de texto para volverse una obra de arte. Dejó la literatura para pasar al art world. El libro de artista es un libro que cambió de élite huésped.

La escritura electrónica quizá no tiene mucho tiempo ya: o pronto los gobiernos la controlarán o pronto el fascismo masivo la neutralizará o más pronto aún los museos la recluirán.

La escritura electrónica arriesga envejecer como un arte nuevo más.

Límite inferior: el post. Límite superior: la galería. El desafío antes y después de estos límites: la escritura electrónica dentro de una lucha.

Polemorfológica, la escritura cambiará no por intenciones sino por mutaciones.

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Los libros de artista, inclusive los bookworks, son un bello esfuerzo por honrar al libro, consagrarlo como arte. Al convertirse en arte se vuelven más modernos que nunca, es decir, más inaccesibles, más fetichizados, más elitistas, más refinados, más separados del descontento social.

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No debemos hacer manifiestos apocalípticos, ya que el tiempo del libro no es lineal, unidireccional. El libro está en crisis. Esta crisis tiene aspectos de despedida y retorno. La crisis del libro tiene la estructura de un loop.

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Con la llegada de Internet, los grupos leucotrópicos re-estetizaron la escritura mediante una e-lit formalista, curiosamente siempre de cierto signo retro-cool. Fue una defensa conservadora de élites contra la toma de la escritura por las colectividades descontentas, demasiado “desordenadas” y “centradas-en-el-contenido” de acuerdo al gusto exquisito-experimental. La e-lit se centra en la “forma” ante la amenaza de una escritura electrónica centrada en la redistribución de la información.

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Desde el Yo hasta la Nación, el libro es correlativo a la Identidad. El libro es avatar del Concepto-Capital.

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La escritura que se concibe como intervención, no-totalidad, anti-síntesis es un no al Libro.

Cierta escritura electrónica, en particular, ha tenido una relación crítica frente a a Sociedad de Control y la Vigilancia del Estado.

Teniendo como mediador al libro, la escritura se compenetra con la burocracia. El libro es institucional. Integrarse al mundo del libro es integrarse a las instituciones. O al mundo de los consorcios transnacionales. El libro es el Co-Control del Estado-Nación y el Mercado Global.

La escritura electrónica no es la utopía sino la precariedad rebelde, la resistencia de un contra-archivo.

El mundo de la Cultura es configurado por la guerra. En esta guerra, el Libro está más bien del lado de los Dominadores; la escritura electrónica puede ser guerrilla. El riesgo permanente de la escritura electrónica es ser cooptada por el mundo del libro, ser vampirizada, tener la función de revitalizar, periódica y quizá accidentalmente, al Libro. La escritura electrónica crítica ocurre dentro de la distopía.

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El poder más revolucionario de la escritura en Internet no está en la “forma” sino en la redistribución de la información. La posibilidad de crear o intervenir flujos, redes, archivos, que destruyan el control elitista impuesto por la Bibiloteca NeoColonial, es una actividad que no atrae a los grupos alto-culturales: no es leucotrópico o benéfico a sus clubes. Pero (re)producir y (re)distribuir contra-información (desde datos desconocidos hasta contra-historias completas) me parece que es la verdadera revolución de escribir en Internet.

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La escritura electrónica radical es aquella que lucha contra los gobiernos. La escritura electrónica oficial es hecha por grupos culturales en el poder que la asumen como un arte nuevo de hacer literatura o arte, es decir, desmovilización del descontento, servicios esteticos a los gobiernos. La escritura electrónica radical es lo que los gobiernos quieren evitar.

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La escritura electrónica que me interesa es la radicalización de la escritura electrónica popular, no los juegos digitales de las élites culturales, que siempre terminarán en un evento oficial, un libro caro o un museo. La escritura literaria siempre busca distinguirse, tener una morfogenética superior a la escritura popular. La escritura electrónica no es una serie de cualidades o novedades estéticas sino otra política, donde el texto tiene una nueva posición dentro de la resistencia mundial contra el capitalismo. La escritura electrónica es una insurgencia. La literatura electrónica, por su parte, es su contrainsurgencia. Desde la aparición de Internet, vemos cómo instituciones y escritorxs se alían para desradicalizar la escritura electrónica queriendo estatificarla como literatura digital.

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El libro todavía presta importantes servicios a las clases dominantes. Esta es la Poderosa Razón de que el libro no llegue a su fin.

Para bien de los gobiernos, los libros no deben llegar a las mayorías. Para bien de los gobiernos, asimismo, las minorías deben mantenerse atadas al libro.

Un escritor que sólo haga textos es un escritor considerado de menor rango que un escritor que hace libros. Libro y literatura son status.

Para hacer libros, un escritor debe aliarse con editores, escritores de mayor rango o funcionarios. Un escritor-de-libros es necesariamente un escritor aliado a las clases dominantes.

Hacer un libro cuesta miles de dólares. No sólo imprimirlo, sino gestionarlo, corregirlo, diseñarlo, formarlo, distribuirlo, promoverlo y leerlo. Un libro no es sólo un objeto hecho de papel sino un mundo de relaciones-capitales.

En ese mundo, el libro, no obstante, debe parecer solamente un artefacto de papel. El libro no debe mostrarse como un privilegiado reflejo de una economía basada en la desigualdad. El libro debe ser el instrumento que embellece esa (invisibilizada) inequidad.

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Todos los medios pertenecen a las clases dominantes. Pero no todos están sujetos exactamente del mismo modo. Hasta ahora, sin embargo, Internet abarata los costos de publicación y circulación de escritura; el escritor, entonces, se encuentra ante la encrucijada: ¿Escribir sin libro?

Puede pertenecer a su tiempo y escribir en Internet. Pero si no destina esos textos a libros o, al menos, no hace paralelamente libros tradicionales, el escritor perderá poder.

Para mantener su poder y aumentarlo, el escritor debe seguir haciendo libros.

Contrario a la opinión popular, un escritor no hace libros. Los libros hacen al escritor.

Un escritor que sólo hace textos, lentamente, se vuelve un sujeto distinto a un “escritor”.

Un escritor que no hace libros, que sólo escribe y publica textos en Internet, va tomando la forma, acaso, de un lector.

Los escritores usarán Internet para promoverse. No para hacer su obra. La noción misma de “obra” desaparece si alguien sólo trabaja en Internet; sea un artista visual o un escritor. La noción de “autoría” está entreverada con el poder-libro.

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Escribir en línea ahora permite hacer una crítica que no se puede hacer en suplementos, eventos, congresos, revistas, libros. Todo el circuito, desde la prensa hasta la feria del libro, protegen al poder-libro, y obligan al escritor a formar parte de una red de poder (que incluye las redes sociales en Internet) que limita desde su extensión hasta su disenso. La crítica de la cultura sólo se puede hacer fuera de los medios ligados al gobierno y las industrias culturales. Esta es otra forma de escritura electrónica crítica y política que se desea apagar.

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El libro es un sistema de relaciones sociales que es tan autoritario que incluso un medio tan autoritario como Internet concede un espacio-tiempo de libertad de pensamiento y forma significativamente mayor que el libro.

El libro, a inicios del siglo XXI, consolida su condición de ser un medio de empoderamiento de los intelectuales aliados con la derecha inter-nacional.

La escritura electrónica representa una resistencia al poder de la literatura, al poder del gobierno, al poder de los medios, al poder-libro.

Como el libro, la escritura electrónica no obedece a un proceso lineal, unidireccional. La escritura electrónica no tiene como meta angelical la liberación del libro; es tan sólo una posibilidad y virtualidad, de resistencia espacio-temporal, histórica, que bien puede reemplazar en hegemonía al poder-libro. Por ahora, no obstante, el saludo de los escritores y las clases dominantes tiene la forma del libro.

De lo que no se puede hacer libro, hay que hacer escritura.

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Soy la persona menos te(le)ológica del mundo. O la más.

Algo sé (o menos): toda la escritura anterior —tradicional o experimental— desemboca aquí, en Internet. No en el libro.

El libro es hoy un delay.

En la escritura electrónica, en las redes, hoy, se definirá no el futuro total (no hay tal) pero sí la siguiente etapa de la escritura. Mañana. Lo que será si es que será.

Aquí está la LUCHA. Esta es la forma. O no: no es la “forma”, es la lucha, porque “forma” ha sido el nombre que se le ha dado a la victoria de los grupos dominantes al interior de la lucha. La lucha electrónica es parte de la lucha hacia otro mundo.

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“¿De qué sirve un libro”, se preguntaba Alicia, “sin ilustraciones o diálogos?” mientras su hermana leía un libro tradicional en la orilla. Cuando Alicia critica, curiosamente, aquel libro impreso hecho con puro texto, nos hace imaginar un libro impreso colorido, pletórico de imágenes y diálogos. A la vez, Alicia considera ponerse de pie (a pesar de su somnolencia) y hacer una guirnalda de flores. Tres mundos estéticos (tres medios) co-ocurren: un libro tradicional que no le emociona a Alicia, un libro visual e interactivo que imaginamos (compensatoriamente) y, menos notoriamente, la idea de una obra de arte hecha de tedio y flores. Sólo tras estos tres medios (todos insatisfactorios) aparece una realidad más excitante y verdaderamente nueva: un conejo corriendo que, inesperadamente, pasa frente a Alicia y se detiene hablando consigo mismo diciéndose “Oh dear [God]! Oh dear [God] I shall be too late!”, y sacando su reloj, el conejo comprueba que ya es tarde y se apresura aún más. Siempre he pensado que el inicio de Alicia es una maravillosa clave política. Alicia entra al nuevo mundo sólo tras haber dejado dos tipos de libros distintos y la idea de una obra de arte detrás; entra a un nuevo mundo gracias a su triple insatisfacción estético-mediática y a la aparición del conejo parlante que llega tarde. Alicia fue tras el conejo, sin pensarlo demasiado, y siguiéndolo, comenzó un descenso. La escritura electrónica podría ser como Alicia.