ANTOLOGIAS Y AUTORITARISMOS LITERARIOS EN EL SEXENIO DE PEÑA NIETO

Comentaré algunos puntos de la discusión sobre la forma en que se producen antologías literarias oficiales en México durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. Me interesa documentar cómo el aparato gubernamental y los propios intelectuales movilizaban, desde sus oficinas, libros oficiales, multimedios y redes en Internet, discursos para legitimar al gobierno dictatorial y hostigar a los disidentes de su aparato cultural autoritario. Las interrogantes fundamentales son: a principios del siglo XXI y después de Ayotzinapa, ¿cómo y para qué se crea literatura oficial en México?

Me centraré en las conocidas «antologías México 20»; la primera de ellas titulada Palabras mayores. Nueva narrativa mexicana (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, British Council, Hay Festival y Mal Paso, 2015) que congregó 20 narradores («debajo de 40 años») y la paralela antología de poesía México 20. La nouvelle poésie mexicaine (Secretaría de Cultura y Le Castor Astral, 2016) que congregó también 20 autorías (ahora «menores de 50 años»).

Los supuestos editores a cargo fueron, en narrativa, Guadalupe Nettel, Cristina Rivera-Garza y Juan Villoro y, en poesía, Jorge Esquinca, Tedi López Mills y Myriam Moscona.

Ambas antologías se prepararon en el sexenio como mecanismo para promover (sobre todo en el extranjero) un tipo de literatura, por un lado, preferida por los escritores/funcionarios cercanos al régimen y por un sistema literario de larga historia fundamentalmente centralista y ligado a grupos de derecha cultural como Letras Libres.

Si revisamos su perfil de opinión pública y trayectoria, la mayoría de los editores son autorías directamente promovidas por grupos de poder político-cultural en México o figuras que legitiman este pre-canon oficial con una ‘prudente’ actitud que se caracteriza por cuidarse de no enfrentar funcionarios específicos en la alta cultura.

Por otro lado, las antologías prefirieron autorías más bien acríticas o que hacen un tipo de crítica que crea la imagen de un país «democrático» y «moderno» y, sobre todo, que también se caracterizan por evitar enfrentarse directamente con el autoritarismo que se manifiesta en el ámbito de la «alta cultura» literaria.

Este grupo de autorías resultan conveniente porque construye una crítica abstracta, general, que consta de un hueco estratégico: no criticar a los funcionarios culturales del régimen genocida. No importa si su perfil es de izquierda o de derecha, lo crucial es que no toquen a sus autoridades culturales, donde su crítica sería directamente efectiva y, por tanto, su silencio, cooptación o apología resultan indispensables para este sector del gobierno.

Foto de poetas en París 2016

(Link a esta nota)

Los funcionarios culturales promueven a estos escritores porque estos escritores protegen a los funcionarios culturales.

A cambio de ver su obra (meritoria o no) promovida por el gobierno, estos autores aumentan su apoyo al gobierno o relajan su (otrora) actitud crítica. Este mecanismo lo vemos operar de modo sistemático. Los funcionarios, por su parte, extienden su apoyo a tales autorías, generando lazos cada vez más estrechos y difíciles de romper.

Rivera Garza apoyada por Tovar y de Teresa 2016

Los escritores no necesitan defender de nombre a los funcionarios culturales, al contrario, basta que en su periódica o eventual crítica sociopolítica (abstracta) nunca los mencionen. Autores tan diversos como Bolaño o Piglia (e incluso Vargas Llosa) han descrito distintas formas en que el Estado mexicano coopta y usa a los intelectuales o, simplemente, los neutraliza, dándoles el suficiente poder para asumir la forma de una «mafia» (el término que el propio campo mexicano dio hace décadas a su sistema de poder y colusión gubernamental y mediática).

En cambio, este tipo de intelectual (sobre todo los menores) constantemente critican a los críticos de estas instituciones. Esa es otra de sus funciones de facto: desacreditar (con falacias ad hominem) a los críticos del sistema cultural autoritario, reduciéndolos al absurdo para alentar la burla pública, es decir, inhibirlos a ellos directamente y, simultáneamente, lanzar el mensaje de que este es el tipo de campaña de desprestigio que recibirá cualquiera que también se atreva a criticar.

Ortuño - Antologia - Burla contra María Rivera

En general, los funcionarios autoritarios, los comentaristas en prensa e Internet crean un ambiente hostil hacia la crítica y, en otro nivel, estos mismos escritores (y otros que no se prestan a la labor sucia pero reciben sus beneficios) son empleados como parte del lavado de imagen del gobierno presentándolos como representativos de un México tolerante, cívico y diverso.

Jovenes embajadores de las Letras Mexicanas.png

A su vez, esta colusión multilateral es empleada por otros niveles de gobierno y diversos capitales para crear la imagen de un país libre, cuya «alta cultura» es parte de un clima favorables para los negocios (ya siempre transnacionales). Este contexto final de la construcción oficial de una imagen de «literatura nacional» queda resumido muy abiertamente por las palabras de Chris Rawlings, entonces Director del British Council en México, al explicar las razones de porqué co-patrocinar e impulsar iniciativas culturales entre su gobierno y el mexicano:

«Nos puede ayudar en nuestra agenda integral como socios y al mismo tiempo brindar valor tanto a la economía mexicana como a la británica. A final de cuentras, creo, se trata del talento, atraer el talento e inversiones en ambas direcciones».

British Council.gif

Antologías como México20, en general, son sólo un elemento dentro de un complejo entramado de relaciones inter-nacionales entre agencias gubernamentales, contratistas (traductores, editores, escritores, prensa pagada) e iniciativas de fondos mixtos (festivales, ferias, etcétera). Este escenario es parte central del neoliberalismo en que ha sido sumida la literatura mexicana (y otras).

La «literatura» (el «talento») en realidad es lo menos importante en estas iniciativas. Lo esencial es la imagen de respetabilidad que la «cultura» reditúa a favor de carreras individuales, gobiernos y empresas.

Este network y entramado no debe ser visible a los lectores promedio, quienes deben creer que los autores traducidos o publicados por supuestas editoriales independientes o incluso directamente por el Estado realmente representan lo mejor de una literatura, no sabiendo que, en verdad, son la literatura cercana o conveniente a funcionarios y sus intereses ideológico o político-económicos. Toda esta promoción de la imagen de autorías, funcionarios y empresarios, por supuesto, se hace utilizando fondos públicos, muchas veces discrecionales.

Fondos extraordinarios a Feria de Londres

Las antologías oficiales, como podemos ver, son solo un elemento de la política cultural oficial. Si un historiador o analista de literatura nacional quiere entender la «literatura» exclusivamente a través de antologías o libros en general, carecería del más amplio contexto que hace a literaturas contemporáneas ulteriormente legibles.

Pensemos en la primera antología de narrativa, Palabras mayores. Nueva narrativa mexicana, una selección que desde su diseño tricolor hasta su involuntariamente cómico título muestra su oficialismo. En México, «palabras mayores» es la expresión que se refiere a las órdenes que da el presidente, la línea oficial, la palabra presidencialista, el dedazo. Así que el chiste del título de esta primera antología se cuenta solo.

Palabras mayores - Mexico 20 y Spota

El eufemismo «Palabras mayores» ya lo había utilizado Luis Spota como título de una conocida novela suya de los años setenta sobre cómo se determina la sucesión presidencial. La elección de ese título en relación con la sucesión literaria, así como el concepto y contexto oficialista de esa primer antología20 abre la pregunta de si esa auto-referencia al dedazo realizado fue producto del cinismo más explícito o de un penoso lapsus.

La segunda antología oficial titulada al francés como México 20. La nouvelle poésie mexicaine, nuevamente a cargo de Julio Trujillo como Director Editorial de la Dirección General de Publicaciones de la Secretaría de Cultura (antes Conaculta), repitió los mismos vicios de la primera y agregó otros.

Como María Rivera explicó en «Una (no)reseña de la (no)antología México 20. La nouvelle poésie mexicaine», una labor antológica propiamente ni siquiera existió: Trujillo eligió a los «jurados», luego los jurados (y probablemente él mismo) determinaron nombres de poetas cercanos y ahí terminó la labor de los supuestos editores. El resto fue un pago y otros beneficios discrecionales sistemáticamente otorgados a estas figuras.

Posteriormente Trujillo (tanto funcionario como miembro protagónico del equipo de Letras Libres) pidió a los poetas nombrados 20 cuartillas, para que cada uno se auto-antologara y, finalmente, Trujillo seleccionó los poemas pre-seleccionados por sus autores. Como ha insistido María Rivera: no existió la antología y lo hecho (y dicho) por Trujillo desmiente lo dicho por los supuestos editores.

Email oficial Julio Trujilo 2015 final

 

Dice el email (12 de noviembre del 2015):

“Queridos amigos, les escribo con gusto para contarles que echamos a andar, desde la Dirección General de Publicaciones del Conaculta, un proyecto hermano de aquel otro proyecto llamado México20. No sé si lo conocieron: un jurado conformado por Cristina Rivera Garza, Guadalupe Nettel y Juan Villoro eligió a veinte narradores menores de 40 años para formar parte de una antología para promocionar su obra en el Reino Unido. La antología quedó muy bien, la publicó Pushkin Press y luego la publicó Malpaso en España. Es una herramienta muy útil para la promoción de los escritores, y varios de ellos ya están siendo traducidos al inglés gracias a México20. Pues bien, faltaba un México20 de poetas y ya lo tenemos. Un jurado conformado por Tedi López Mills, Myriam Moscona y Jorge Esquinca, después de arduas sesiones de trabajo, los eligió a ustedes para formar parte del proyecto. La única diferencia con el proyecto original es que la edad subió a menores de 50 años, para que la obra fuera más sólida. ¡Felicidades! Ahora me toca a mí pedirles a ustedes que manden veinte cuartillas representativas de su obra, de aquí al 18 de diciembre, para rápidamente traducirlas al francés, pues una editorial francesa publicará el libro y lo tendrá listo para el Marché de la Poésie, en París, a finales de la primavera del año que entra. Luego buscaré también a un editor en inglés. Por lo pronto, mándenme sus poemas por favor. Les felicito nuevamente y les mando un abrazo.

“Julio Trujillo
“Director Editorial

(Este email ha sido facilitado por poetas que a pesar de ser incluidos en la antología no están de acuerdo ya con todo el aparato oficializante que rodea a esta labor gubernamental de edición y uso de su obra. Por temor a represalias me han pedido no identificarles).

En este contexto, Julio Trujillo, en un texto titulado «Sobre la muestra de poesía México20», decidió aceptar que, efectivamente, los editores solamente habían dado nombres de su preferencia y que fueron los propios poetas quienes pre-seleccionaron sus poemas y que él como funcionario decidió los contenidos del libro.

Así, tratando de disimular esta enorme irregularidad, Trujillo ya no llama a los firmantes de la selección «editores» sino «jurados» y lo que hasta pocos días antes se titulaba «antología» ahora es renombrado «muestra» por el funcionario a cargo.

Lo que habíamos dicho algunos críticos sobre la falta de transparencia y el contexto de fraudulencia generalizada en que se está construyendo la literatura mexicana y, como ejemplo, las antologías20, quedó confirmado por el propio funcionario.

En su prólogo en francés, como ya hizo ver María Rivera en su primer texto y reiteró en su segundo, sin embargo, los supuestos editores dicen que fueron ellos quienes hicieron la selección de poemas (evidentemente mintiendo).

“El punto no es que México 20 sea ‘un libro digno de poesía mexicana’, sino si el libro se hizo con la pulcritud y dignidad suficiente como para presentarse como ‘buena, presumible y exportable poesía’”.

La verdad es que los poetas pre-editaron cada uno su sección en la antología y, posteriormente, el editor final fue Julio Trujillo. Los supuestos editores, a final de cuentas, tuvieron como función dar nombres (eso que en México, la cultura política llama dar «dedazo») y firmar la selección (eso que en México, popularmente se llama ser «prestanombres»). A veces creo que sentimos más pena quienes debemos denunciar que quienes cometieron y solaparon estos abusos de autoridad.

El mayor responsable es el aparato gubernamental, a través de funcionarios como Julio Trujillo, quienes abusaron de su autoridad. A algunos autores, simplemente, en un descuido o falta de reflexión ética, permitieron que se les usara o, por tratarse de escritores no del todo profesionalizados, como se dice comúnmente, los «chamaquearon».

Otros autores quizá se sintieron halagados de ver su nombre elegido, acompañado de algún colega que respetan e invitados por la comunicación de un alto funcionario, y por ingenuidad o deseos de promover su obra, aceptaron ser incluidos en una selección de clara oficialidad e irregularidad.

Otros quizá participaron porque ya han normalizado los privilegios que obtienen frecuentemente de parte de sus colegas en el gobierno, amigos cercanos o tutores (como ya se ha dicho que es la situación de muchos de ellas y ellos).

En todo caso, lo que la México20 mostró (entre «jurados» y «seleccionados») es una nómina de firmas que tienen una relación ambivalente con la oficialización del Estado y con la (auto)crítica. A estas ambivalencias se debe que muchos de los autores han decidido atacar y tratar de desacreditar a los críticos, en lugar de hacer una autocrítica y/o reclamar al aparato gubernamental haber creado esta situación.

No sólo los editores y autores sabían todo esto y decidieron callar (protegerse y proteger al aparato gubernamental) sino que, para colmo, decidieron atacar a quienes señalábamos que había muchas anomalías en todo este contexto de oficialización. Este es un doble error profesional (y ético) de parte de tal grupo de escritoras y escritores. Le deben una explicación completa a los ciudadanos que pagaron esta simulación a su favor.

Tras la información surgida y las propias reacciones de los participantes de la segunda antología resultó necesario volver a aquella primera antología que, según dice Trujillo, tuvo el mismo procedimiento.

Al revisarla surgen entonces varias preguntas. Todo indica que también el concepto lo originó el gobierno y por eso la contraportada de Palabras mayores llama a Nettel, Rivera-Garza y Villoro «tres jueces de mucho juicio» y, asimismo, debido a la intervención directa del funcionario a cargo, los tres «jueces» no aparecen en portada o al interior del libro como sus editores ni dejan claro exactamente cuál fue el procedimiento (aunque ahora lo sabemos por Trujillo), aunque hay pasajes del prólogo (firmado por Rivera-Garza) en que se deja ver el mecanismo y, a la vez, su ocultamiento eufemístico. Dice:

Cita de Rivera Garza en Mexico20

«Habrá que decir que tener acceso casi inmediato a todos los textos sugeridos (una de las tareas de las que se hizo cargo la institución a través de PDF’s) facilitó en mucho una discusión…»

¿Los textos «sugeridos»? ¿Sugeridos por quién?

Si fueron «sugeridos» por los jurados/jueces mismos entonces, ¿por qué se les llama «jurados» o «jueces»? Si Nettel, Villoro y Rivera-Garza no tenían los libros o textos, ¿por qué aceptaron ser editores expertos de un corpus que ni siquiera tienen a la mano? En este caso, parecería que decidieron no desde el conocimiento serio de las narrativas nuevas en México, sino desde lo que uno y otro quiso (o no) compartir a los otros dos (quienes tampoco conocían bien esa nueva narrativa). Este escenario, bajo cualquier criterio, implicaría una seria falta de profesionalismo de quienes estaban decidiendo lo mejor de la narrativa de un país.

Pero, además, si por textos «sugeridos» se refiere a «sugeridos» por los otros dos jurados, ¿por qué, entonces, «se hizo cargo la institución a través de PDF’s» de hacérselos llegar?

Y si darles los PDF’s de los textos «sugeridos» fue «una de las las tareas» a cargo de la institución, ¿cuáles fueron las otras «tareas» que también hizo el gobierno?

Sobre todo, recordemos algo: en el campo literario uno es «jurado» cuando te llegan textos, como en un concurso donde los participantes los enviaron ellos mismos y la institución los canaliza hacia los «jurados» o cuando la institución los elige directamente y te los hace llegar.

Y si este primer «jurado» quiere contradecir lo ya dicho por Trujillo creo que tendrá que explicar porqué la evidencia.

Los seis editores de las dos antologías México20, en general, han fallado en explicar porqué unos han mentido en sus prólogos, como el propio Trujillo evidenció. ¿Por qué guardan silencio ante un aparato oficializante tan anti-democrático como el que operó (de nuevo…) en estas dos antologías y por qué guardan silencio, protegiéndose a sí mismos, frente a una campaña tan feroz en contra de quienes hemos denunciados tal autoritarismo?

Eduardo Whateva y Tedi Lopez Mills

Precisamente ese silencio de los «jurados» tipo «ni los veo ni los oigo» (frase célebre de Carlos Salinas ante la oposición) es responsable de que otros colegas suyos hayan desatado una campaña (de muy baja índole) contra quienes hemos señalado estas (y otras) irregularidades.

Veamos, como ejemplo (entre muchos) este mensaje público enviado desde su cuenta de red social de Paula Abramo, una de las poetas incluidas en la segunda antología:

2016 - Abramo - Antologia 20 - FB

O sea que su conclusión es que, «haiga sido como haiga sido» (para citar la frase de Calderón ante su fraude), no percibe ningún problema grave en la antología y que, por lo tanto, el problema somos los críticos, quienes, sentencia, padecemos de «odio».

Es interesante el uso de esos términos en multitud de cuentas de redes sociales por parte de los escritores incluidos, sus amigos y funcionarios, que desean crear el discurso de que la crítica a estos mecanismo autoritarios en el campo cultural se debe a la «envidia», la «rabia» o el «odio» de los críticos. Estas insistentes falacias ad hominem, sin embargo, no han sido creadas por el campo literario sino que las re-moviliza, las apropia y re-utiliza desde el campo político, donde el discurso de contrainsurgencia generó estos clichés contra los movimientos sociales críticos del gobierno.

Ha sido el propio (ilegítimo y genocida) presidente Enrique Peña Nieto quien ha atribuido las críticas populares en su contra a las redes sociales, el «mal humor social», el «odio» y el «rencor». De modo análogo a Peña Nieto, para muchos escritores y escritoras mexicanas, no es la corrupción y la desigualdad lo que provoca la crítica a su autoritarismo, sino el «odio» de los otros.

EPN y el Odio y Rencor

Este alegato peyorativo, por su poder de falacia derechista, se repite de una cuenta a otra, de una publicación a otra. Por ejemplo, la reutilizó Francisco Hinojosa en su texto «¿Puedo antologar tu antología?» hecho para seguir desacreditando los señalamientos de irregularidades.

El texto de Hinojosa, además, es bastante truculento, porque inventa un argumento. Dice que los «inconformes» (término tendencioso) han pedido que la selección «debería haberse sometido a la aprobación del gremio». Hinojosa inventa ese argumento (absurdo) para intentar ridiculizar las críticas. El texto de Hinojosa finge ignorar los argumentos de María Rivera en sus dos textos y, sobre todo, Hinojosa finge olvidar que Julio Trujillo admitió que la antología la pre-seleccionaron los propios poetas y la selección final la hizo Trujillo y que el «jurado» miente en su prólogo.

Desinformado a los lectores para defender a sus cercanos colegas, Hinojosa finaliza su texto retomando el discurso de que la crítica se debe al «odio». Toda suerte de falacias son usadas en la prosa de la literatura mexicana con tal de inhibir la crítica.

Toda este autocomplaciente clima de ataque a la crítica y manipulación de la literatura mexicana ha conducido a que los propios funcionarios ataquen escritores que se oponen a sus procedimientos irregulares.

Por ejemplo, el actual Coordinador Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes, Mauricio Montiel Figueiras, usa su red social para este tipo de ataques. El hecho de que el Coordinador Nacional de Literatura haga esto abiertamente habla del grado de irresponsabilidad, impunidad, desigualdad de trato y falta de respeto mínimo a los escritores que debería representar o, al menos, no agredir verbalmente.

En directa alusión a mi persona, publicó esto:

Montiel Mauricio 1

Y para continuar desacreditando a la crítica a prácticas como la que precisamente comete él y otras que hemos, desde hace muchos años, señalado, publicó esto otro:

Montiel Mauricio 2

Si Mauricio Montiel, otro funcionario cultural de alto rango, siente que tiene tanto poder y siente la protección de sus subordinados y jefes, ¿cómo se nos pide que no critiquemos? No-criticar sería pasar a formar parte de la conducta de estos funcionarios y de los colegas que alimentan, colaboran o solapan todo estas acciones claramente irregulares. Y si todo esto lo cometen a luz pública, resulta obvio todo lo que hacen en privado desde sus oficinas gubernamentales.

 

Terminaré con dos conclusiones.

Primero, el gobierno mexicano está decidiendo directamente quién debe ser identificado como la literatura mexicana dentro y fuera del país. Construye esta literatura oficial mediante toda clase de simulaciones, colusiones y corrupción. La construye para mantener a raya nacionalmente a la clase intelectual y para usar su sector más conveniente como parte de su imagen nacional «respetable» en el exterior.

Segunda conclusión: una buena parte del medio literario parece conforme con que el gobierno esté a cargo de la literatura nacional. Este es un error gravísimo por parte de decenas de autorías de varios niveles.

Por otra parte, hay señales de algo nuevo sucediendo. Una nueva generación está atestiguando estas luchas por hacer que el campo literario en México no esté dominado por grupos hegemónicos y corrupción ni el gobierno le dé la forma que quiera o necesite a esta(s) literatura(s).

Además, dentro del propio campo literario hay también otras actitudes y acciones. Cada vez vemos más crítica abierta contra la corrupción cultural. Los textos recientes de Rogelio Guedea (1 y 2) y María Rivera son ejemplos de esta creciente toma de postura, así como una creciente actividad de enfrentamiento a grupos coludidos con el gobierno (como Nexos y Letras Libres) en las redes sociales de escritorxs y tuiteros, por ejemplo. La credibilidad de los cacicazgos tipo Krauze ya está totalmente resquebrajada. Su último asidero parece ser la protección gubernamental y el cinismo más vergonzoso.

Sheridan y Garcia Rmz

La Secretaría de Cultura de una dictadura genocida, como la de Tovar y Teresa y Peña Nieto, no debe seguir dando forma a la literatura.

A muchos escritores ya se los tragó el sistema; están conflictuados, indecisos, inmóviles, desarmados.

Las lectoras y lectores reales de literatura son quienes deben hacerse cargo de los textos, medios y obras que deben transmitir a los que siguen. De no hacerlo, el networking neoliberal, los gobiernos y las multinacionales despacharán con ella, la manipularán hasta destruirla.

La lectura radical es el único futuro que tiene la literatura.