HISTORIA DE LA PRODUCCION DEL “ARCHIVO ULISES CARRION”

Heriberto Yépez

La primera mención que recuerdo haber leído de Ulises Carrión fue vía Guillermo Gómez Peña:

“The late 60’s in Mexico was a time of diaspora. Many experimental artists who felt suffocated by the inflexible structures of the official culture left the country in search of aesthetic freedom and spread throughout Europe and the U.S. Ulises Carrión (q.p.d) went to Amsterdam, where the started an alternative space called the In-Out Center, and Felipe Ehrenberg went to England…”[1]

Para un joven escritor como yo en Tijuana leer esto del ya entonces tabú-gurú Gómez Peña (y en Binational Press) a principios de los noventa exigía seguir esa pista. ¿Quién era ese tal Ulises Carrión? Parecía un mensaje en una botella que había llegado a la costa de nuestro propio laboratorio post-nacional.

Tiempo después, vía un librero californiano llegué al catálogo de Guy Schraenen Ulises Carrión. We have won! Haven’t we? (Museum Fodor, Amsterdam, 1992). El libro de Schraenen era la referencia infaltable (y casi suficiente) para los curiosos de Carrión en aquellos años noventa.

Screen Shot 2015-10-29 at 23.04.09

Pero el boom de re-publicaciones póstumas de Carrión ocurrió entre 1995-1997, cuando a cargo de Juan J. Agius, el sello Héros-Limite en Ginebra, reeditó obras cruciales de Carrión, incluido la recopilación de 1997 Quant aux livres / On Books, preparada por Agius. (Si recuerdo bien fue una sugerencia de Harry Polkinhorn lo que me ayudó a dar con un ejemplar). Cuando me hice de esta compilación, ¿1999?, mi carrionmanía estalló.

Screen Shot 2015-10-29 at 23.04.45

No se parecía a nada hecho por otro escritor nacido en México. Carrión no era parte de la “tradición nacional”. ¿Qué había pasado? ¿Cómo había ocurrido esa mutación? ¿Por qué, fuera de aquella breve mención de Gómez Peña (otro forajido) o las de Felipe Ehrenberg (que sí había retornado a México) no se escribía de Carrión? Nada tenía mucho sentido y, a la vez, su ausencia tenía perfecto sentido.

On Books contenía los principales textos de Carrión sobre el arte nuevo de hacer libros y material póstumo. Entre los libros editados por Agius y Schraenen, fui digiriendo y haciéndome preguntas sobre Carrión en esa primera etapa de mi contacto (aún fragmentario, intermitente) con su obra.

De alguna manera, ¿inconsciente?, creo que esas lecturas fueron uno de los componente que me ayudó a volcarme tan programáticamente en la escritura electrónica, vía el blog, en el 2002. Ahora puedo ver ese influjo con claridad; pero entonces, creo, el experimentalismo norteamericano y el fuerte movimiento local de literatura fronteriza eran mis referencias explícitas. Pero detrás de mi animación del Tijuana Blog Front –nuestra red pionera de blogueros literarios y existenciales, que agitamos Rafa Saavedra y yo– estaba el DIY-punk, la mimeo-revolution, Fluxus, los fanzines, Carrión y la Eternal Network. Todo eso flotaba en el aire en la frontera.

Cuando por fin pude hacerme de una primera edición de un bookwork de Carrión mi curiosidad aumentó y con el tiempo coleccioné todo lo suyo que encontraba en mis viajes e Internet. Fue ese coleccionismo de materiales de Carrión lo que me volvió un estudioso de su obra: ¿cómo podía explicarme a mí mismo estos libros tan inusuales, sencillos y espléndidos? ¿Por qué nadie en México, realmente, decía una sola palabra de este genio experimental? Hay un vínculo directo entre colección y crítica. La crítica luego se vuelve historia de la literatura. A veces antes primero es charla con tu propia biblioteca.

La colección se alteró: se publicaron Libros de artista (vol. 1) y Ulises Carrión. ¿Mundos personales o estrategias culturales? (vol. 2) editados por Martha Hellión (Turner, Madrid, 2003). Fue con estos volúmenes (especialmente el segundo) que los lectores mexicanos pudieron conocer a Carrión. Por ser coeditados por Conaculta, el set se encontraba en las librerías Educal de todo el país; Carrión comenzó, entonces (a pesar del precio) a diseminarse lentamente. Así comenzó su segunda historia mexicana, porque sus marginales publicaciones europeas y lo editado por Agius y Schraenen, obviamente, no circulaban en librerías en este país.

Screen Shot 2015-10-29 at 23.05.24Una aportación del par de volúmenes editados por Hellión es que retomaban la información y panorámica contenida en los libros de Schraenen y Agius (haciéndola accesible a lectores mexicanos) y contenía un buen número de fotografías del acervo que Agius había facilitado para la exhibición y otros tantos recortes, fotografías, correspondencia y testimonios personales que se conservaban en México.

Otra ventaja es que el primer volumen (Libros de artista) contenía una versión en español del “El arte nuevo de hacer libros”. Ese manifiesto llevaba 30 años fuera de circulación para los lectores mexicanos.

Desgraciadamente no se trataba de la versión original en español sino de una irregular retraducción del inglés. Por error no se buscó el número 41 de Plural (1975) en que apareció el manifiesto de Carrión, lo que motivó que se transcribiera una traducción de alguna otra fuente (no mencionada), tomándola y difundiéndola como la versión original en español.

Otra desventaja es que en el volumen Libros de artista, Hellión omitió en la bibliografía el libro clave de Schraenen sobre Carrión de dónde salía una parte de la información y el crédito a Agius como editor de On Books, de tal modo que el lector mexicano curioso le quedaba ocultada una parte crucial de los protagonistas e historia de la circulación internacional sobre Carrión.

También ocurrían algunos errores de información y cotejo (por ejemplo, en el segundo volumen se toma el nombre de Diálogos, una revista mexicana donde Carrión publicó, por el supuesto título de una obra suya) y, sobre todo, desgraciadamente, los testimonios mexicanos y el tono intimista-familiarista del libro terminan incluso descalificando las ideas de Carrión.

Este segundo tomo (ambiguo conceptualmente) convirtió a Carrión en un “mundo personal”. Por un lado las imágenes de la obra del propio Carrión invitan a la radicalización y, por el otro, los textos buscaban anecdotizarlo, desradicalizar su recepción, atemperar las estrategias de Carrión. Los textos de otros parecían fluctuar entre promover la recuperación de Carrión y desactivarlo como amenaza a la literatura mexicana o el circuito del libro de artista.

A pesar de estas fallas críticas, estos dos catálogos complementarios de Hellión hicieron que Carrión reapareciera para los lectores mexicanos. El precio a pagar fue que en México, Carrión, entonces, circuló en la primera década del siglo XXI como representante del “libro de artista” (noción contraria a la de bookwork que finalmente Carrión desarrolló) y como “mundo personal” (órbita juzgada por Carrión como anacrónica). Los efectos de esta mediación todavía son visibles y puede documentarse en los comentaristas mexicanos de Carrión que se basaron en los catálogos publicados por Turner.

Después de los efectos positivos y negativos de estos dos volúmenes se hacía urgente devolver a Carrión a sus conceptos, textos y contextos completos. Y los caminos, unos por referencia directa y otros por sospechosa omisión, apuntaban a Juan J. Agius.

Fue a Agius a quien Ulises Carrión cedió Other Books and So Archive y, en pleno lecho de muerte, a quien en 1989 Carrión encargó su propia obra. Antes de esta petición, Agius ya había sido su editor y socio. Esta confianza personal y relación profesional de Carrión y Agius es un dato sistemáticamente ocultado o tergiversado por algunos.[2]

Al principio, supuse que Agius podría ayudarme a localizar más publicaciones o múltiples de Carrión. También deseaba entrevistarlo, porque sabía que era parte sustancial de la historia faltante. Pero poco después de comenzar nuestro contacto, Agius me puso al tanto de algo más relevante que ayudarme a localizar publicaciones de Carrión: resguardaba textos inéditos.

Imagen - Portada Cuaderno 1

Al tiempo de nuestro contacto, Agius me mostró la relación de escritos y otras materialidades de Ulises Carrión que, con perspicacia y erudición, había clasificado de modo insuperable. Por modestia, Agius gusta de llamarse “anticuario”; en realidad, es un experto de las materialidades del arte experimental de las últimas décadas. Todas esas revistas, zines, libros, catálogos, múltiples han pasado por sus manos.

Al conocer su catálogo y su resguardo de los escritos de Carrión, supe de inmediato que era necesario gestionar la paulatina publicación de todos esos materiales. Le propuse hacer esta gestión y aceptó. Sobra decir que siempre agradeceré su confianza y disponibilidad.

Posteriormente Agius me prestó, durante varios meses, una parte sustancial de la colección de escritos; fue entonces que pude conocerlos de modo directo. Analizar este archivo ha sido una de las experiencias más fascinantes de mi vida. Fue el contacto con aquellos papeles, cuadernos, libros inéditos, borradores, dibujos, mecanografías, rayones, firmas, sellos, engrapados, etcétera, lo que me permitió verdaderamente entrar a la mente de Carrión. Mis dudas sobre algunas ideas, motivaciones, lagunas de información, acumuladas durante años, quedaron, en su mayoría, aclaradas esos meses.

La nueva fase de la edición y divulgación de Carrión significaba, en realidad, retomar la iniciativa original de Agius en los 1990’s.[3] Así fue cómo nació la colección que luego llamaríamos “Archivo Ulises Carrión”.

La ocultación del papel crucial de Agius en la preservación y difusión de la obra de Carrión se trata de un gesto de celos profesionales hacia él y, en cierta forma, venganza contra Carrión. El archivo de libros y otras publicaciones de artista y arte correo que había conservado Carrión, principalmente, durante los 1970’s era algo codiciado por muchos; al no recibir ese acervo y esa confianza, algunos allegados de Carrión en Holanda, Estados Unidos y México urdieron mitologías, evasivas, chismes y falsedades que casi terminaron por convertir a Carrión en una mera leyenda.

Por muchos años, al pensar en Carrión se pensaba en Other Books and So Archive (OBASA) y no en sus propias obras. Pero, en términos de recuperar a Carrión, esos escritos y proyectos de arte eran obviamente más importantes que su archivo de ejemplares ajenos.

Sin embargo, más de una literatura y mundo nacional del arte no parecía interesada en conocer a Carrión y más de un underground cultural parecía más interesado en mitificarlo que en impulsar la re-circulación de sus obras, proyectos e ideas. Cuando acudí a Agius, en cambio, más bien se mostró bastante receptivo, a la espera de una propuesta editorial de este tipo. Es sorprendente que hayan tenido que pasar tantos años para que la iniciativa original de Agius pudiera vincularse trans-atlánticamente y asegurar que obra de Carrión apareciera, por vez primera, en su integridad.

En cuanto México, Carrión prácticamente huyó de su país natal por considerarlo asfixiante y poco propicio para su desarrollo artístico. En vida y después de su muerte, en México su nombre y obra habían desaparecido del mapa literario y sólo aparecía en el mundo del arte mexicano como referencia lejana y manipulada.

Esta ausencia resulta congruente: era inimaginable que, por ejemplo, el experimentalismo literario y post-literario de Carrión hubiera sido leído y comprendido por un mundo literario dominado por poetas neotradicionalistas subordinados a Octavio Paz (que pronto interrumpió su interés inicial en Carrión) o críticos como José Luis Martínez, Emmanuel Carballo y, posteriormente, Christopher Domínguez. La crítica literaria mexicana del siglo XX era incapaz de entender a un artista-escritor como Carrión. Su reaparición, entre otras cosas, es una demostración contundente de la estrechez del concepto de “literatura nacional” e inclusive de la poca curiosidad de sus críticos e investigadores. La reaparición de Carrión debiera motivar un serio, muy serio, cuestionamiento y autocrítica dentro de la literatura mexicana.[4]

Del manera similar a cómo el joven poeta Roberto Bolaño y el resto de los infrarrealistas habían sido desaparecidos de menciones, antologías, historias de la literatura hechas por prácticamente todos los editores y críticos mexicanos, Ulises Carrión también había escapado a su estrecha e intolerante perspectiva. La literatura mexicana, entonces (como ahora) era incapaz de abrirse, investigar, reconocer a escritores cuya identidad y estética escaparan del centralismo, elitismo y neoclasicismo que al mismo tiempo que la empobrece y cosifica, la monumentaliza y perpetúa. En los setenta u ochenta, una atención sostenida a Carrión hubiera mostrado lo caduca que ya era la literatura mexicana. Convenientemente dicha literatura lo traspapeló.

Mediante este desdén y debido al nulo interés de Carrión de regresar a México, su obra gradualmente terminó siendo desconocida por muchos de sus antiguos contactos y, por supuesto, de la siguiente generación. En el mejor de los casos, su nombre y unas pocas de sus piezas emblemáticas eran referencia de culto dentro del selecto círculo de artistas del libro y del correo en México. Si a la radicalidad artística y teórica de Ulises agregamos los reducidos tirajes de sus publicaciones y su residencia en Holanda, tenemos el fenómeno apellidado Carrión.

En cuanto el panorama internacional y sus antiguos colegas, haber sido un radical entre los radicales quizá los disuadía de mantener su nombre y figura como uno de sus líderes conceptuales. Carrión, por ejemplo, era muy sarcástico del arte correo y el arte del libro y después de unos años, pasó a otras esferas, por considerarlas agotadas. Todo un mundo de artistas postales y del libro persistentes y posteriores, obviamente, no iban a promover tales críticas de Carrión. Una parte del olvido de Carrión se debe a que era muy crítico del arte experimental; él, personalmente, era amable, pero sus ideas eran punzocortantes. Después de su muerte, Carrión, en la práctica, quedó al margen.

Como en el caso de México, a nivel internacional lo más conveniente era mantener a Carrión como un querido colega muerto y una serie de ediciones agotadas. Carrión mitificado era conveniente, encomiable; las implicaciones de su obra, en cambio, incomodaban. De reaparecer y consolidarse Carrión y sus ideas, incluso muchos de sus mitógrafos se verían opacados o refutados en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.

Todo este carácter bellamente explosivo de Carrión había sido, por cierto, lo que me había interesado inicialmente de su obra. Hasta antes de conocer a Agius, mi meta directa era escribir un libro sobre Carrión. Me interesaba su experimentación con nuevos medios y su aproximación teórica al arte y su propio quehacer. Además, me interesaba explorar cómo un artista y escritor tan extraordinario había logrado escapar de la morfología política de una literatura nacional y, por otra parte, difundir sus obras e ideas que, de tan radicales, habían pagado el precio de ser sepultadas por las propias comunidades a quienes habían nutrido.

Pero en el proceso de investigación me di cuenta que antes era urgente reunir, traducir y difundir su obra. Evitar que Carrión terminara de convertirse en un mero fantasma o que mi libro apareciera pero los lectores en español no pudieran leerlo directamente. Además, algo me decía que apenas difundiéramos sus escritos y proyectos para estas nuevas generaciones, Carrión se convertiría en una referencia fundamental (tal y como ha sucedido).

Carrión regresó, vía México, justo cuando el mundo literario y artístico estaba listo para entenderlo. Esta bienvenida retrospectiva (es necesario decirlo), ocurrió cuarenta años después del inicio de su experimentalismo. Más de una literatura apenas se hizo contemporánea al mundo de Carrión. Pero hay algo aún más sorprendente: cuando se comprendan las implicaciones de su obra, más de un experimentalismo actual se revelará en su penoso anacronismo.

Después de reunir casi toda la colección de sus publicaciones en libros, compilaciones y revistas, y cuando Agius me facilitó conocer ese raudal de escritos inéditos y me dediqué a disfrutarlos y estudiarlos a fondo, me di cuenta que la obra de Carrión era mucho más compleja y variada de lo que se creía. Podría decir que lo que dejó inédito o disperso es tan o más importante que sus libros publicados, que sólo representan su trabajo con los bookworks y arte correo pero no son representativos del total de sus ideas o direcciones como artista, teórico, poeta, dramaturgo y escritor.

Agius cumplió con lo pactado con Carrión. Por una parte, impidió que las instituciones se apoderaran de Other Books and So Archive, esas comunidades, valores e instituciones que Carrión llamaba el Gran Monstruo (y que hoy todavía buscan devorarlo). Agius, asimismo, edito y reeditó, después de la muerte de Carrión algunos más de sus libros. Esto es algo que también se omite recordar. Agius ha sido el editor más insistente y duradero que ha tenido Carrión. Enlisto aquí lo que Agius ha editado o coeditado de Carrión:

  • Verzamelde Werken (Collected Works). Amsterdam, Da Costa Editions, 1980.
  • Sistemas. Amsterdam, Da Costa Editions, 1983.
  • Syllogisms. Madrid, Estampa Ediciones, 1991.
  • Exclusive Groups. Madrid, Estampa Ediciones, 1991.
  • Mirror Box. Segunda edición. Ginebra, Héros-Limite, 1995.
  • Tell me what sort of wall paper your room has and I will tell you who you are. Segunda edición. Ginebra, Héros-Limite, 1995.
  • Vers la Poésie. Looking for Poetry. Tras la poesía. Segunda edición. Ginebra, Héros-Limite, 1996.
  • Quant aux livres. On Books. Ginebra, Héros-Limite, 1997.
  • Ouvres Complètes. Segunda edición. Ginebra, Héros-Limite, 2000.
  • Arguments. Segunda edición. Ginebra, Héros-Limite, 2005.
  • Quant aux livres. On Books. Segunda edición. Ginebra, Héros-Limite, 2008.
  • El arte nuevo de hacer libros. México, Tumbona, 2012.
  • El arte correo y el Gran Monstruo. México, Tumbona, 2013.
  • Ulises Carrión. Books & More. Catalogue Raisonne. Document Art, Buenos Aires, 2013.
  • Art? Skill? Technique? Ulises Carrion’s. Cultural Strategies and Communication Tactics. Five Reports. Heras, Ediciones La Bahía, 2013.
  • Lilia Prado Superestrella y otros chismes. México, Tumbona,  2014.
  • Ulises Carrión & The Big Monster. Ginebra, 2014.

Después de su muerte y como el encargado de los derechos, Agius preservó e hizo una primera clasificación de los escritos inéditos de Carrión. Esto fue algo que Carrión mismo no dejó listo, por su muerte más bien sorpresiva en 1989 y quizá por sus propias ambivalencias, dudas, respecto a qué debía rescatar, publicar y cómo y dónde.

Me explicaré: una vez que Carrión llegaba a una idea experimental, la concretaba a modo de series, pero pronto las conducía a su límite conceptual y, muchas veces, podía considerar que dicha idea ya no le convencía, no era suficientemente radical y, por lo tanto, descuidaba hacerla pública o difundirla en su totalidad. Carrión estaba decidido a ser más y más crítico, innovador, congruente y radical. La producción de Carrión a veces pronto se quedaba detrás de la mente de su productor.

Hay que recordar que el único libro en que Carrión congregó algunos de sus escritos definitorios se titula Second Thoughts (Amsterdam, Void, 1980), una expresión que, entre otras cosas, significa “dudas”, “reticencias” respecto a un proyecto propio. Carrión pronto dejaba atrás a Carrión.

Second Thoughts

Pero entre el paso de una exploración a otra, Carrión había dejado mucha obras publicadas y otro tanto inéditas. Con Agius, llegamos al acuerdo de reunir todos los escritos publicados por Carrión con los que había dejado sueltos, además de otros materiales. Usando su conocimiento directo de este acervo, dio orden a los tres primeros volúmenes centrados en los proyectos de arte visual de Carrión. Agius fue un editor-curador certero, como lo han probado dos hechos: fue tan preciso en su ordenamiento que no se nota que es un orden curatorial y, por otro lado, estos volúmenes han sido recibido con gran interés.

En esta primera mitad de la serie, yo me encargaría, por un lado de la traducción al español y de agregar estudios que contextualizaran los proyectos y escritos de Carrión para buscar evitar que continuara la interpretación incorrecta de sus obras, ideas y actividades; estas traducciones y estudios míos los pensé como guías a los nuevos lectores hacia los conceptos y contextos mismos de Carrión. Investigar y poner por escrito estos resultados, ha sido la parte más placentera de co-coordinar el Archivo Ulises Carrión. Para entenderlo a él tuve que entrar a fondo en toda una época del arte correo, la poesía experimental, el arte del libro, el mundo de publicaciones y redes marginales de artistas globales (sin caer en sus propias mitologías). Mi propia obra se vio modificada por esta labor de archivo y reflexión.

Otra parte de mi labor consistió en algunas pocas sugerencias de contenidos adicionales y, sobre todo, proponer editoriales a Agius y luego coordinarme con ellas. Agius, de entrada, decidió que sería un buen detalle histórico que Carrión reapareciera vía México. Esto es algo que me parece importante dar a conocer. Lo pudimos hacer desde Estados Unidos, España, Argentina, etcétera, pero fue Agius quien juzgó importante hacerlo desde el país natal de Carrión.

Tomada esta decisión editorial (y simbólica), le presenté a Agius una relación y descripción de las editoriales mexicanas que podrían mostrar interés y capacidad de publicar la colección. Luego hablé con cuatro o cinco editoriales con clara capacidad de llevar a cabo la publicación y distribución.

Finalmente, elegimos a Tumbona. Pero considero también relevante anotar que otras editoriales con las que hablé pudieron también haber cumplido esta parte del trabajo y, a la vez, creo que tanto Agius como yo estamos satisfechos de haber elegido a Tumbona. Hoy me cuesta trabajo imaginar el Archivo Ulises Carrión sin la labor de Tumbona, especialmente de Luigi Amara, cuya labor profesional siempre ha sido atinada.

Tres vols de A UCarrion

Entre 2012 y 2014 se publicaron los tres primeros volúmenes; ahora siguen sus escritos literarios y otros inéditos. De esta segunda parte, la edición será responsabilidad mía. De cualquier forma, ambos seguimos siendo los coordinadores generales del Archivo Ulises Carrión porque la labor de Agius es imprescindible y, además, la segunda parte del archivo continúa el formato y espíritu editorial-curatorial de la primera: presentar a Carrión en sus propios periodos, transformaciones y proyectos. Mi labor es ordenar esos textos preservando la visión de Carrión.

Se ha requerido un cuidadoso trabajo de investigación y análisis de su trayectoria, ideario y devenir de su obra. Entre menos se note nuestra labor de organizativa y crítica, más sentimos que hemos logrado presentar a Carrión en sus propios términos.

La segunda parte del Archivo Ulises Carrión seguirá siendo publicada por Tumbona. Tenemos ya ese compromiso. Además, Tumbona ha hecho una gran labor en el diseño, promoción, corrección y en todo aquello que implica pasar unos archivos digitales de texto e imágenes en una serie de bellos y accesibles libros impresos.

He querido esperar tres años para hacer pública, con la extensión y franqueza necesarias, la historia detrás de la publicación del Archivo Ulises Carrión en México. Ahora la publico porque me parece crucial documentar las primeras fases de esta historia antes de que la tergiverse el Gran Monstruo.

Mail Art and the Big Monster

NOTAS

[1] “A Binational Performance Pilgrimage” en Artes Plásticas en la frontera México/Estados Unidos. Visual Arts on the U.S./Mexican Border, Editorial Binacional/Binational Press, Universidad Autónoma de Baja California y San Diego State University, Mexicali, 1991, p. 59.

[2] Esta resistencia a reconocer la centralidad de Agius en la historia de la circulación de la obra de Carrión ha quedado incluso registrada materialmente en algunas publicaciones. A veces, simplemente, se omite nombrarle o se le alude con molestia o confusión. Nótese, por ejemplo, en la página legal de Poesías (Taller Ditoria, 2007) el modo en que fue impreso el copyright de Agius. Pareciera haber sido agregado de última hora. Este detalle no sería significativo si no fuese parte de un patrón.

[3] En 1991, Agius se encargó de que aparecieran dos libros póstumos de Carrión: Syllogisms y Exclusive Groups, ambos editados por Estampa Ediciones, Madrid, 1991 dentro de la serie “The Events” a cargo de él y Manuel Cuevas. En ambos libros, se lee esta leyenda: “This work is included within a publishing program of Ulises Carrión’s visual poetry, linguistic multiples and theoretical texts from Other Books and So Archive”. Como documenta este aviso, desde el inicio Agius tenía muy claro su proyecto de publicar toda la obra de Carrión. Este proyecto continuó en Héros-Limite (en inglés) y hoy continúa con Tumbona (en español). Nótese, asimismo, que los volúmenes de arte visual de Carrión, editados por Agius, también están apareciendo en inglés en España y Suiza. Prentendemos que la colección que estamos coordinando en español sea la más completa, difundida y provista de un aparato crítico pero este esfuerzo es sólo una fase de un proyecto internacional.

[4] Me parece que la reaparición de Carrión también debiera obligar a una reescritura de la historia del experimentalismo (todavía dominada por el anglocentrismo) en América y sus diásporas globales.