VARIANTES DE LA LITERATURA OFICIAL (EN MÉXICO)

Después de la columna “Nuevo feminismo” (2017) de Valeria Luiselli surgieron algunas respuestas (en prensa y, sobre todo en redes sociales) donde se criticaba su posición disimuladamente reaccionaria.

Los señalamientos fueron múltiples (e incluso virtualmente virales) y se referían no sólo a las ideas expresadas en la columna hoy existente sino en el hecho de que la columna fue alterada poco después de aparecida y criticada, para tratar (fallidamente) de detener las críticas.

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Los lectores identificaron que la frase aquí citada, por ejemplo, fue cambiada.

A los pocos días de su aparición, además, alguien hizo notar que no era el primer texto de Luiselli donde se expresaban ideas de derecha cultural.

En 2015 se publicó un estudio analítico mío titulado “Dictadura de la forma perfecta” en donde cito a un amplio número de escritores mexicanos expresando sus posiciones clasistas.

Una de esas citas corresponde a un texto que Luiselli publicó en la revista Nexos en 2012. En ese texto, Luiselli pedía a los “subalternos” que se callaran.

(Se puede consultar aquí).

screen-shot-2017-03-03-at-23-34-31Pero el texto que circuló después de su columna contra el “feminismo reaccionario” se trató de otro artículo de Luiselli titulado “Toni Morrison. Nobel 1993” publicado en Letras Libres en 2009 (aunque ya desaparecido en línea).

Ahí Luiselli descalificaba a la escritora afroamericana, alegando que sus causas políticas subalternas degradan el nivel de su literatura.

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Esta posición es un cliché dentro de la derecha cultural internacional. Se ha usado durante décadas para despreciar y desprestigiar literaturas críticas, sobre todo aquellas escritas por grupos no-blancos.

El argumento básico es que escribir para mostrar la injusticia daña a la “gran” literatura.

Lo que se busca, obviamente, con tales falacias es convencer a lectores y futuros escritores de que no deben escribir para denunciar las injusticias que vivimos en nuestras sociedades y más bien deben escribir pensando en aquello que la derecha llama la “literatura” comprometida únicamente con la literatura misma… de la derecha.

Para colmo, una vez que el link de este otro texto de Luiselli comenzó a circular en Internet, Letras Libres lo bajó de su archivo, escondiéndolo.

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Letras Libres incluso llegó a modificar el índice.

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Este acto de auto-borradura y tergiversación histórica, por supuesto, es sumamente grave y un ejemplo de la nulidad ética que caracteriza al grupo de Letras Libres, dirigido por Enrique Krauze, un intelectual que lleva décadas manipulando la literatura mexicana en cercana (y camaleónica) alianza con el poder sexenal.

Cuando Letras Libres escondió el texto de su archivo en línea, consulté mi colección de ejemplares impresos para revisar bien ese número de 2009.

Descubrí algo que me parece importante compartir.

Como mostré en mi estudio analítico de 2015, las posiciones de Luiselli no son más que una variante de un discurso que escritoras y escritores mexicanos deben tomar para adquirir una posición dominante en la literatura.

Estrictamente, lo dicho por Luiselli contra Toni Morrison (en 2009) o contra los grupos “subalternos” (en 2012) o contra el feminismo “radical” (en 2017) son variantes de ideas que manejan muchos agentes en la literatura mexicana para ganar poder, agradar a las autoridades literarias y gubernamentales, y ser promovidos como si realmente fuesen lo “mejor” de una literatura.

Todos estos textos son variantes de una máquina discursiva que consiste en una retórica general y un estilo reconocible empleado por decenas de escritoras y escritores mexicanos que son promovidos por editoriales, revistas y programas y fondos gubernamentales, porque defienden (explícita o implícitamente) al gobierno o no lo critican (frontalmente) o, incluso, porque gracias a su pseudo-crítica le crean buena imagen a la “nación”.

El número de Letras Libres de 2009, obviamente, muestra esta estructura para intercambiar favores y poder. El texto de Luiselli contra Toni Morrison forma parte de una sección especial —titulada “El Nobel en la picota”— dedicado a desprestigiar escritores de izquierda que han ganado el Premio Nobel.

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Esto es, Luiselli desprestigió entonces a Morrison porque la revista derechista de Krauze diseñó en aquel año una sección para atacar a escrituras de izquierda, repitiendo clichés (disimulados con estilística high brow e ironía “culta”) que fueron creados por los círculos Republicanos en Estados Unidos contra literaturas críticas.

Luiselli, entonces, no es la única que entregó un texto con ese perfil derechista (a cambio de promoción por parte de Letras Libres). La sección tiene la siguiente composición:

  1. Antonio José Ponte escribió contra el premio Nobel (1982) Gabriel García Márquez, escritor izquierdista.
  2. Valeria Luiselli escribió contra la premio Nobel (1993) Toni Morrison, escritora izquierdista.
  3. Félix Romeo escribió contra el premio Nobel (1997) Dario Fo, escritor izquierdista.
  4. Geney Beltrán Félix escribió contra el premio Nobel (2008) José Saramago, escritor izquierdista.
  5. Rafael Lemus escribió contra el premio Nobel J. M. G. Le Clézio, escritor izquierdista.

Lo que dice Luiselli es nada más que una variante de algo que debían decir escritores mexicanos en los 2000’s para ser promovidos por el poder cultural-gubernamental y recibir capital cultural.

Estos textos tienen firma personal, deben parecer individuales, “literarios”; en realidad, son variantes realizadas en una especie de solicitud y cumplimiento implícito al sistema discursivo que los genera. Como muchísimos otros, este paquete de textos se deriva de un diseño sistémico.

En este número de Letras Libres, por ejemplo, el diseño gráfico (retratos caricaturescos, grotescos, incluso con toques xenofóbicos) es el correlato visual de la uniformidad ideológica de los textos.

La sección de Letras Libres para atacar premios Nobel de izquierda, por cierto, es rematada por una extraña (y muy significativa, reveladora) página en donde Letras Libres promueve (con todo y escudo) un mensaje del Partido Acción Nacional.

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Esta página final de la sección no deja claro si es una inserción pagada o una editorial de la revista de Krauze. Pero que tal ambigüedad es una perfecta representación del significado y función política de la literatura mexicana oficial.

(Aquí he escaneado esa sección entera de Letras Libres: letraslibres2009)

En conclusión: lo dicho por Luiselli en 2017 no es más que una reiteración de la política de disimulada derecha (aunque a veces no tan disimulada) que ha construido su escritura y carrera. Pero esta política literaria no es algo exclusivo de Valeria Luiselli.

Este discurso, más bien, es una retórica compartida, explotada, por decenas de escritoras y escritores en México —y artistas y opinólogos— para satisfacer al poder (en turno) mediante posicionamientos ideológicos convenientes, que les traerá recursos privados y públicos para impulsar su carrera.

Valeria Luiselli no es un caso aislado, una supuesta voz individual. Todo lo contrario.

El verdadero agente de estos textos es una máquina cultural que crea decenas de variantes de una literatura oficial.

Esa máquina tiene muchas variantes. Todas ellas identificables por este rasgo: son promovidas desde el Estado y las editoriales hegemónicas.

Su crítica, además, nunca se dirige a funcionarios corruptos o contra el propio medio cultural cómplice. 

Su literatura, casi siempre de derecha disimulada, pero a veces “progresista” de supuesta “izquierda”, en realidad, o defiende al statu quo o simplemente protege su propia posición de poder dentro del medio cultural.

La máquina, en suma, continúa.