SOBRE LA DESAPROPIACIÓN EN UNA LITERATURA NACIONAL

A principios de 2013, leí un poema en inglés en Nueva York donde empleaba el término disappropriation (“desapropiación”) para referirme al despojo neocolonial de archivos entre culturas y lenguas. Pero este término también es útil para pensar la propia literatura nacional: la desapropiación interna.

La historia literaria mexicana se caracteriza por la desaparición y desapropiación. Así, durante muchas décadas se desapareció al estridentismo o autores como Parménides García Saldaña (reduciéndolos a autores de culto, que muchas veces resulta otra forma de seguir saquéandolos); o desde Elena Garro hasta Salazar Mallén y desde el infrarrealismo hasta Ulises Carrión, desde las literaturas del norte hasta las literaturas indígenas, la historia de la “literatura nacional” se forma mediante la desaparición de las escrituras inapropiadas por críticas, disidentes, anómalas, aisladas, fuera-de-la-Ley, periféricas o radicales.

En el mejor de los casos, posteriormente se les “rescata” para reintegrarlas al canon nacional que las excluyó, y que las recupera cuando se ha debilitado y requiere de sus servicios de transfusión de sangre (como ocurrió con el estridentismo, por cierto).

Han sido tan sistemátican estas borraduras que es posible ya identificar los mecanismos de desapropiación, cooptación y manipulación de la historia cultural que caracterizan a una literatura nacional como la mexicana, un brazo intelectual del gobierno.

¿Cómo ha sido este paulatino proceso de violencia? ¿Cómo se desaparece o desapropia a alguien de su obra, historia, ideas, contribuciones o contexto, hasta llevarle a una situación de borradura?

La condición fundamental para que unx escritorx o artista sea objeto de desaparición o desapropiación es que no exista una crítica profesional en ese campo. Donde no existe archivo crítico, revisión constante, memoria activa, impera el permiso permanente para la invisibilización.

Sin una crítica independiente de los grupos dominantes, y libre de prejuicios de género, clase, región, raza, estéticas o cultura, serán los funcionarios del gobierno, las editoriales y lxs propios escritorxs hegemónicxs quienes determinarán publicaciones y posiciones arbitrariamente, según convenga a sus propios intereses y redes neoliberales.

La literatura mexicana, como la mayoría de las literaturas nacionales, es un labor contra-insurgente para deshacerse de todo tipo de elementos, obras, figuras, que pongan en peligro la alianza entre este archivo y las instituciones que lo mantienen y utilizan para legitimarse culturalmente.

En este contexto de arbitrariedad, donde ha desaparecido todo vestigio de una labor crítica seria, se va vulnerando al sujeto literario crítico o inconveniente por sus ideas, lengua, clase social, género, región, etnia o abierta disidencia política.

A continuación propongo un esquema básico que sigue, en lo general, la desaparición y desapropiación en la literatura nacional:

  • Obras y logros de sujetos o comunidades indeseables son ocultados. Su relevancia intelectual es frecuentemente negada en esta primera etapa. Tiempo después al desapropiarle de tales logros, este sujeto o comunidad comienza a ser desaparecida. El ciclo de la violencia en su contra comienza.
  • Si tales logros se vuelven útiles (capital) para el campo literario dominante (por ejemplo, si la autoría políticamente indeseable introdujo una innovación) esos logros frecuentemente son atribuidos a otros. Para poder desaparecerla se le reemplaza.
  • La memoria de sus logros es estigmatizada como afán de originalidad, individualismo, obsesión o resentimiento. En lo privado o público, se le patologiza para volverle un sujeto o comunidad aún más vulnerable y desacreditada.
  • La desapropiación se consolida cuando se construyen historias a modo de semblanzas, recuentos, antologías, estudios panorámicos, colecciones donde se oficializa su ausencia y se establece la historia según los “vencedores”. El gobierno apoya con recursos y visibilidad a quienes realizan esta empresa.
  • Durante todos estos mecanismos se presiona al sujeto o comunidad estética en vías de ser desaparecida a no hacer reclamos o dar testimonio. Se usan rumores, chismes, chistes en medios, redes o en privado, para mermar su dignidad y memoria; se le chantajea velada o abiertamente notificándole que se le desacreditará en caso de desafiar la historia oficial.
  • En todo caso, un campo literario insiste en que el sujeto o comunidad desapropiada o desaparecida debe mantener la identidad de Nadie, inexistencia, pero jamás la condición de un trabajador cultural más, un cisma, una dignidad, experiencia, memoria, par o lucha.

Comprender los mecanismos por los que funciona la literatura oficial para excluir y borrar es clave para el proyecto de una crítica y revisión a contrapelo del estado actual y el pasado de lo que suele llamarse “literatura nacional”, es decir, la historia de la apropiación de las historias de otros, es decir, la historia de la desapropiación, la historia del despojo.