MEXICO, CULTURA Y DICTADURA

Me gustaría comenzar diciendo que, para ser precisos, la Secretaría de Cultura es la Secretaría de Cultura de una dictadura.

Como algunos todavía recordarán, en 1990, Mario Vargas Llosa identificó a México como la “dictadura perfecta”:

“México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo, no es la Unión Soviética, no es la Cuba de Fidel Castro: es México, porque es una dictadura de tal modo camuflada que llega a parecer que no lo es, pero que de hecho tiene, si uno escarba, todas las características de una dictadura” (Encuentro Vuelta, 1990).

Esta identificación provocó la molestia de Octavio Paz, quien defendió al Partido Revolucionario Institucional. Creo que es hora de replantear la discusión de la “dictadura perfecta” y la “cultura”. Me permitiré agregar aquí algunas ideas.

Para comenzar, debemos tener claro que la identificación de Vargas Llosa del carácter dictatorial del gobierno mexicano no fue ni la primera ni, mucho menos, la más precisa. En 1962, el escritor marxista mexicano, José Revueltas, había ya identificado al PRI como una dictadura. Decía Revueltas:

“La burguesía nacional logra desde el poder, en México, lo que muy difícilmente se logra sin una férrea dictadura: eliminar la concurrencia política de las clases adversarias. Hemos dicho sin una dictadura férrea; esto no quiere decir que el tipo de gobierno que existe en México deje de ser una dictadura, y una dictadura de clase” (Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, p. 166)

He querido rescatar esta idea de Revueltas para mostrar su mayor precisión respecto a la de Vargas Llosa, quien, como ideólogo liberal sólo logró llamar al PRI “dictadura perfecta”. Su liberalismo le impidió identificar al PRI como un partido presidencialista al servicio de la dictadura de clases altas, una dictadura capitalista a través de un partido autoritario y camaleónico, el PRI, hoy el eje de una férrea y perfecta dictadura neoliberal.

Quisiera, entonces, volver al rol político de la “cultura” en el marco de esta dictadura neoliberal del PRI.

Recordemos ahora a Enrique Krauze, un intelectual muy útil a la dictadura. Krauze, para excusarla le llamó “dictablanda”, es decir, una dictadura suave, una soft-dictatorship.

Lo que este término describe, sin embargo, no es el tipo de dictadura integral que realmente es el PRI. Lo que Krauze describió, más bien, fue el trato preferencial que esta dictadura da a los intelectuales.

Krauze, correctamente, describió con la palabra “dictablanda” la posición privilegiada que el PRI le ha otorgado a él, a Octavio Paz y a todo su equipo. “Dictablanda” retrata perfectamente el trato blando que el gobierno da a intelectuales útiles como Krauze.

La dictadura del PRI es una dictadura muy dura con otros grupos minoritarios y mayoritarios; es, por ejemplo, una dictadura férrea con los estudiantes y profesores insurgentes, activistas y periodistas, a quienes oprime, persigue, encarcela, tortura, asesina y desaparece.

Entonces, en la construcción de una definición más precisa del tipo de régimen que vivimos no sólo Vargas Llosa está equivocado (su crítica es apenas liberal) sino que el propio Revueltas no alcanzó a ver que la “dictadura férrea” puede también operar; este régimen es una dictadura selectiva, que es, desde directamente genocida con unos hasta heteroplástica para otros.

Con los intelectuales, por ejemplo, el PRI es una dictadura suave, una “dictablanda”.

Es necesario decir, por lo tanto, que la crítica de los artistas, escritores, los intelectuales mexicanos tiene un límite: tratarse de la crítica benigna, inconclusa y cautelosa hecha por aliados y beneficiados de una dictablanda que los protege y que los intelectuales protegen. Desde la perspectiva de los intelectuales y el mundo artístico, no se puede definir a la dictadura, porque desde esa perspectiva (casi) no existe.

El “creador cultural” en México, sea mexicano o visitante extranjero, sirve para simular que no hay (nunca) dictadura. El intelectual sirve para construir la ilusión de que, a pesar de todo, México está en transición. En la actualidad, escritores y artistas, por ejemplo, tienen como función principal contribuir a una buena imagen de México en el extranjero.

En otras palabras, el “creador cultural” tiene como responsabilidad mantener la existencia de la dictablanda. Poner la literatura, las artes, la academia, la intervención en medios, al servicio de la ilusión de que no existe una férrea y perfecta dictadura. Incluso cuando es castigado, prueba que existe una mera dictablanda. La cultura como supuesta “crítica” que es limpieza de imagen, construcción de un estado de excepción (es decir, un estado de no-dictadura, pues la represión es el estado permanente) e intercambio de capital.

El gobierno paga a los intelectuales este servicio reclutándolos, beneficiándolos y no siendo con ellas y ellos una dictadura sino una dictablanda, un suave huésped, interlocutor, mecenas, editor, curador y promotor.

En México, hay que discutir, entonces, la “cultura”, primero, sabiendo que se trata de la “cultura” de una dictadura.

Y, segundo, entender la “cultura” ante esta disyuntiva: atravesar esta etapa neoliberal manteniendo el status privilegiado de “creadores culturales” de una “dictablanda” VIP o siendo agentes intelectuales listos para enfrentar a esta dictadura.

 

Versión para participación en el

Simposio Internacional sobre Teoría del Arte Contemporáneo 

En este  video está mi intervención (minutos 10:00 – 14:10)

Ciudad de México, 15 de abril del 2016

Este texto es parte de un ensayo más largo.

– Este texto de Eduardo Abaroa analiza SITAC 2016 : click